La música de las bibliotecas: política y poética de un espacio público, hoy

71 Demuestran que son o, más correctamente, pueden ser, espacios para cuestionar lo real como algo dado y despertar lo virtual encerrado en cada ser singular. Esas bibliotecas resguardan y prestan libros y otros objetos culturales. Pero también dan resguardo. Prestan seguri- dad. Dan confianza y esperanza. Todas esas cosas que parecen inmateriales se sostie- nen en acervos (y modos de presentación), pero también en otras dotaciones: más o menos tecnológicas (com- putadoras, cámaras, laboratorios, pianos e instrumen- tos musicales), sillones en los que uno puede sentarse a no hacer nada o dormitar, o espacios para conversar: aulas o salones, para bailar, cantar o discutir, pizarras y espejos, jardines que no solo ornamentan: están y son parte del servicio que brindan en zonas en las que no hay vegetación: ser lugares vivos. También en servicios que no forzosamente están catalogados como servicios bibliotecarios y rara vez se ofertan en las carreras de bi- bliotecología. Esas bibliotecas sorprenden a los usuarios: ellos iban a re- cibir y, de pronto, se encuentran dando. Ellos iban a adquirir conocimientos y, de pronto, descubren que saben y que sus saberes valen. Todo eso estaba en ellos, pero, al entrar una y otra vez en la biblioteca, lo virtual se hizo real y la realidad se expandió y se tornó en una dimensión desconocida.

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