La música de las bibliotecas: política y poética de un espacio público, hoy

61 La singular apertura de esos lugares consagra- dos al saber sobre los que sabemos muy poco Saludo y valoro los esfuerzos de esta cantante, pero, al mismo tiempo, debo reconocer que las bibliotecas pú- blicas y otras instituciones que asociamos al saber y vin- culamos con el conocimiento, como las propias escue- las, son en buena medida lugares desconocidos. Lugares que definimos por lo que deberían ser, aun- que cotidianamente percibamos que son, además, algo diferente. ¿Cómo definirlas para conciliar las ideas con las vivencias? No resulta sencillo. Las bibliotecas son espacios paradójicos: lugares para desconectarse, para apartarse de distracciones, pero son también sitios para distraerse, dejarse estar, dejar de es- tar y para poder estar. Esas paradojas son (o fueron) vivencias cotidianas. Y es que, si algo caracteriza a las mejores bibliotecas públicas, es la facilidad con la que se pueden conjugar de manera personal, sin por ello alterar la definición que haga otro usuario. Para unos son espacios para trabajar. Para otros, para descansar. Para unos son espacios para (en)soñar, para otros son espacios para despertar o saciar la sed de conocer. Por lo demás, un mismo usuario puede vivirlas de una manera y, un rato o una visita más tarde, hacerlo de una manera diferente o, incluso, opuesta.

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