La música de las bibliotecas: política y poética de un espacio público, hoy

172 deserción escolar, la violencia y el desempleo… A esos problemas debía responder si quería que la biblioteca tuviera algo que ver con la vida de sus usuarios. Era necesario comprometerse con el público, conocer y responder a sus necesidades y deseos, manifiestos o no. Mirar a los usuarios como sujetos integrales. Muy lejos de una voluntad de civilizar, nos propusimos propiciar relaciones de continuidad entre oralidad y escritura, el cuerpo y el espíritu, el conocimiento y la creación, lo público y lo privado; y, particularmente, quisimos asu- mir el valor político de la escucha. ¿Cómo hacerlo, con qué recursos? Cuando me invi- taron a tomar la dirección de la Vasconcelos, me prome- tieron muchos recursos y libertad para reinventar. A los pocos meses comprendí que los recursos eco- nómicos no llegarían y que teníamos que partir de re- conceptualizar los recursos con una perspectiva creativa. Desde esta perspectiva, vimos que el público podía con- vertirse en un recurso, no solo en el beneficiario. Los problemas y las carencias se debían leer como oportu- nidades. Y sobre todo que, si estábamos verdaderamente con- sagrados al bien público o procomún, no podíamos ac- tuar como si estuviésemos solos. Que estábamos obli- gados a buscar alianzas que fuesen no solo beneficiosas para las diferentes partes, sino que ampliaran el común:

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