La música de las bibliotecas: política y poética de un espacio público, hoy
171 mente, a muchos más se las niegan, casi desde el naci- miento. Nací y crecí en un mundo igual. Gozando de la posibilidad de ser testigo e intentando, como muchos otros, ser actor. Nací y crecí en un país signado por su historia plena de atrocidades. Nací y crecí en un país megadiverso en términos biológicos y culturales, y líder en la destruc- ción de especies y culturas. En un país que quiero que sea distinto. Nací y crecí en un país en el que se puede ser director de una biblioteca pública sin ser bibliotecario. Lo que es para muchos algo atroz y, para otros, una oportunidad. Para mí fue un riesgo que decidí enfrentar. Cuando asumí la dirección de la Biblioteca Vascon- celos, tuve muy claro que era un aprendiz y que tenía ante mí la posibilidad de responder a los desafíos que nos presentaba la historia de mi país y mi entorno. Y eso significaba ensayar nuevas formas de leer y escribir al entorno y a un nosotros virtual. Si quería hacer algo que tuviera sentido para la gente, había que cambiar de perspectiva. Había que repensar no solo qué hacer, sino los cómo, y releer los recursos. Había que plantear la biblioteca como un espacio para re-leer y re-escribir vínculos y sentidos. La Vasconcelos es vecina de una de las zonas con ma- yores tasas de feminicidios en el país y el mundo. La
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