La independencia inconcebible

EL RÉGIMEN CONSTITUCIONAL Y LA INSURGENCIA AMERICANA: DEL OPTIMISMO AL DESENCANTO Consideradas desde una perspectiva ideológica, las memorias de los secretarios, especialmente las de los dos primeros años del régimen constitucional, tienen su denominador común en el optimismo que impregna su lectura del desenvolvimiento político de la Monarquía, incluyendo naturalmente a los territorios de ambas márgenes del Atlántico. En concreto, la irrupción del régimen constitucional era interpretada no solo en clave de ruptura con el pasado, sino también como el hecho fundacional de un porvenir al que se le señalaban un conjunto de atributos deseables y anhelados que contrastaban radicalmente con las características del Antiguo Régimen. En este sentido, resulta muy interesante la adjetivación utilizada para caracterizar a este nuevo régimen, que presenta una constelación semántica densa y heterogénea en la que se conjugaban elementos procedentes de diversas tradiciones intelectuales que enfatizaban el papel de la razón orientada al bien común (Broseta Perales, 2012, p. 142). Muchas de estas memorias presentan un carácter performativo; es decir, buscaban causar aquello que significaban. Este hecho se revela no solo en las características que se le atribuían al futuro que se componía a partir de la novedad constitucional, sino también a la evolución de la crisis americana. Concretamente, el restablecimiento de la Monarquía moderada era tenido como el momento en el que «[…] la Nación recobró gloriosamente su independencia y sus derechos» (García Herreros, 1871[1821], p. 61). Tanto en las memorias que analizamos como en la opinión de buena parte de la élite política española, el regreso a la Constitución de 1812 parecería ser un elemento suficiente por sí mismo para superar la contienda con los insurgentes americanos y neutralizar los procesos independentistas, algunos de los cuales se encontraban fuertemente establecidos para el inicio de la década 1820. Pero además, frente a las virtudes del nuevo régimen político, el proyecto independentista se presentaba como una vía muerta debido a la inmadurez política de los insurgentes que los obligaría a volver a la lealtad al monarca (Anna, 1986, p. 284). En los primeros momentos y en el contexto de estas lecturas optimistas, la salida militar a la crisis de Ultramar, que había desempeñado un papel principal tanto durante el absolutismo como durante el primer liberalismo (Costeloe, 1989, pp. 27 y ss.), se ubicaba en un lugar secundario, aunque 69

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