a los «disidentes» establecidos en Lima y El Callao que en realidad nunca llegó a producirse. Cuando se publicaron estas noticias en Cádiz, La Serna más bien ya había dejado Jauja para establecer su gobierno virreinal en el Cuzco (29 de diciembre de 1821) y concentrar allí sus fuerzas políticas y militares para emprender una futura ofensiva (CDIP, 1971, XXII, 3). Extrañamente, el Diario Mercantil, tras anunciar que Lima había sido recuperada por los defensores de la Monarquía constitucional, publicaba en su edición del 17 de marzo un resumen de los acontecimientos más notables ocurridos en el Perú desde principios de julio de 1821 en el que, como se desprende de su lectura, ya no figurará ese logro reconquistador atribuido, sin ningún fundamento oficial, a las armas de La Serna: […] Abandono de la capital por el virrey Laserna dirigiéndose a la provincia de Jauja con su división, en 6 de julio. Entrada del ejército de la Patria en la capital el 9 del mismo. Sitio de la plaza del Callao, defendida por su gobernador Lamar, el 13 de id. Jura de la independencia en la ciudad el 28. Arresto a los españoles en el convento de la Merced, sin excepción de personas, el 1 de setiembre. Remisión de muchos de aquellos al punto de Ancón, en los pontones que tenían, el 5 del dicho. Bajada de una división de 3.000 y pico hombres, mandada por Canterac, en socorro del castillo, situándose en la pampa de S. Borja, el 6 del mismo. Paso de aquella división al Callao el 8 del mismo. El 15 tratan en el castillo de atacar la ciudad, y no conviene a Canterac. El 16 resuelve Canterac volverse a la sierra, pasando al Rimac, por la parte de Bocanegra. Libertad de los españoles arrestados en la Merced y los remitidos a Ancón el 18. Capitulación de la plaza del Callao el 19. Entrega de los castillos de la plaza el 21. La división de Canterac, después de haber tenido varios choques en el tránsito, logró reunirse con Laserna en Jauja40. Lo más interesante de esta tácita retractación de lo que se afirmó con tanta seguridad apenas unas semanas antes es que, a modo de una autocensura, el periódico gaditano no volvió a publicar ninguna noticia sobre lo que pudiera estar ocurriendo en el Perú ni en otro escenario hispanoamericano. Quizás esta decisión obedeció a la pérdida de credibilidad del periódico derivada de la publicación sin pruebas contrastantes de una serie de cartas particulares que luego la realidad se encargó de desmentir. En el caso barcelonés, el Diario Constitucional, lejos de someterse a la volatilidad de las cartas particulares, optó por esperar a que llegara una noticia oficial para proceder a informar fiablemente sobre el estado de las fuerzas «nacionales» en el Perú. Esto se produjo a fines de febrero de 1822, cuando se republicó íntegramente —tomada del periódico 39
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