La independencia inconcebible

a España (Anna, 2003, pp. 243-244)236 y, durante sus últimos años, hasta que falleció en su residencia madrileña el 12 de diciembre de 1850, fue nombrado senador vitalicio por real decreto de 12 de setiembre de 1846, ya que reunía las condiciones precisas por ser ministro jubilado del Tribunal Supremo de Justicia, aunque no participase en sus sesiones por motivos de salud237. Formaron parte de la Junta de Pacificación dos marinos de larga trayectoria en el Perú: Antonio Vacaro y José Ignacio Comenares. Antonio Vacaro (Cartagena, 1761, 4 de noviembre de 1833), hijo de un oficial de la Armada, ingresó en 1777 como guardiamarina en la Academia de Cartagena. En 1808 se le encargó que realizara un tornaviaje al virreinato de Nueva Granada con la finalidad de llevar noticias del levantamiento contra Napoleón. En febrero de 1809 se le ascendió a capitán de navío, con destino en el Departamento de El Ferrol. Regesó a América, donde permaneció seis años hasta 1822, asumiendo la comandancia de Marina del Callao el 8 de setiembre de 1816, para ser promovido de inmediato a brigadier. A diferencia del conde de Vallehermoso, su relación con Pezuela y la Serna fue complicada. Pezuela y Vacaro sostuvieron distintos contenciosos y el virrey se quejó oficialmente por lo que consideraba malas prácticas de Vacaro. Según Pérez Turrado lo que se dirimía era la relación de Pezuela con la Marina, que defendía su autonomía frente al Ejército siguiendo las Ordenanzas vigentes (Pérez Turrado, 1996, pp. 232-243). Tras el triunfo patriota en Maypú (5 de abril de 1818), se encargó a Vacaro reforzar la seguridad de las costas del Perú. Desde la fragata Esmeralda fondeada en el Callao escribía al virrey el 28 de febrero de 1819 para agradecerle su visita a la flota y prevenirle de posibles ataques enemigos, para los que tanto la oficialidad como los marineros, cargadores y «naturales indios» se encontraban preparados. En abril de 1820 fue destinado a la defensa de Guayaquil, hasta que Pezuela le ordenó regresar el 17 de julio ante las noticias de que se preparaba la expedición de San Martín. Para entonces, las tensas relaciones entre ambos se habían suavizado, y cuando Pezuela hacía referencia a la situación naval —que era muy adversa para los españoles—, el 18 de julio de 1820, mencionaba al jefe del Apostadero del Callao, Antonio Vacaro, «al que tengo por uno de los oficiales de mayor honor, valor y conocimientos facultativos entre los que he tratado de la marina» (Pezuela, 1947, pp. 733-735). 162

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