ministro de Hacienda y de Relaciones Exteriores del Estado Nor-Peruano durante la Confederación Perú-Boliviana (1837). Ejerció nuevamente como vocal de la Corte Suprema (1838) y presidió el Tribunal de los Siete Jueces; y, finalmente, en 1843, fue vicepresidente del consejo de Estado durante el gobierno del Directorio instaurado por Manuel Ignacio de Vivanco. Torata (1896, III, 1, p. 374) asociaba a La Mar, Del Llano y Abreu, «inseparables» en sus comportamientos y actitudes a lo largo de las negociaciones. Cuando capituló el Callao los dos primeros se quedaron entre los independentistas, aunque su futuro político fue muy diferente. Más de la mitad de la trayectoria profesional de José La Mar (Cuenca, Presidencia de Quito, 12 de mayo de 1778-San José de Costa Rica, 11 de octubre de 1830) transcurrió en el bando realista. Se educó en España a cargo de su tío, que había sido oidor de la Audiencia de Bogotá y regente de la de Quito. Ingresó en el ejército español y luchó, primero contra la Francia revolucionaria y, después, contra Napoleón. En 1815 Fernando VII firmaba su traslado a Lima como subinspector general y gobernador del Callao, cargo del que tomó posesión en noviembre de 1816, cuando ya Pezuela había sido nombrado virrey del Perú, y se ocupó de la defensa de esta plaza frente a las incursiones de Cochrane. Al parecer, sostuvo una fluida relación con el virrey, quien le convocó a las juntas de militares, y estuvo en la Junta de Guerra de noviembre de 1820. La Serna lo incluyó en la Junta de Pacificación porque era americano, aunque habían tenido desavenencias que pueden rastrearse desde julio de 1821, cuando el virrey le instó a acompañarle, dejando a Vacaro al mando del Callao, y La Mar se negó227. El mismo día de la salida del virrey de la capital, le advirtió que carecía de recursos para mantener a la población y defender militarmente la plaza, a lo que un La Serna crispado respondió que no podía auxiliarle228. Cuando el virrey disolvió la Junta de Pacificación, La Mar se desmarcó junto a la mayoría de los vocales y, desde el Callao, continuó negociando con San Martín, que ya había anunciado cuando las negociaciones llegaban a punto muerto que estaba dispuesto a hacerse con el Callao por la capitulación o por la fuerza. Tras la incursión de Canterac en setiembre la situación del Callao se fue deteriorando con víveres escasos, sin armamento y sin expectativa de auxilios. Fue entonces, el día 18, cuando pidió encontrarse con San Martín. La entrega de los castillos se produjo el día 19 y la capitulación se firmó el 2 de octubre, como recuerda Torata (1896, III doble, pp. 278-280). 159
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