La independencia inconcebible

transatlántico con el Perú en la coyuntura de la Independencia en Mazzeo (2010, pp. 273 y ss.). 103 Sobre la posición de la Junta Provisional, ver Anna (1986, pp. 263 y ss.). Véase también el trabajo de Buldain Jaca (1987). 104 El decreto establecía el olvido general de lo sucedido en aquellas provincias para quienes reconocieran el nuevo régimen político, la libertad de todos los presos de ambos bandos, y autorizaba el regreso a su lugar de origen a aquellos que hubieran sido confinados. 105 Un breve repaso de estas lecturas en la literatura contemporánea y en la historiografía puede verse en Gil Novales (1979, pp. 235 y ss.). 106 Entre otras cosas, estas lecturas estaban asentadas sobre la visión —muchas veces prejuiciada— que en la Corte se había venido construyendo sobre los americanos desde el año 1811. Según señala Costeloe, «la imagen pública [que] de ellos [los hermanos americanos] se presentaba en la península era de que eran hombres mal informados, mal dirigidos y engañados por los extranjeros, y que pronto se darían cuenta de que habían errado su camino. Esta descripción se modificó rápidamente. Se convirtieron en asesinos sedientos de sangre, en violadores bárbaros, en curas renegados, en ladrones y en jacobinos» (1989, p. 44). 107 El temor y la desconfianza respecto de la influencia de los extranjeros en las sublevaciones americanas aparecen una y otra vez en las memorias. Porcel, por ejemplo, se oponía a la liberalización del comercio para evitar su presencia en América (Broseta Perales, 2012, p. 296). La hipótesis de que la revolución había sido promovida por los extranjeros se seguía manteniendo en 1822. En el contexto del envío de nuevos comisionados para negociar con los patriotas, la Comisión de Ultramar redactó un documento que debía regular el desempeño de los agentes en el que se aludía a los conspiradores extranjeros. Véase Martínez Riaza (2011, p. 673). El propio Fernando VII suscribía esta lectura al igual que Pezuela, que afirmaba en su diario, a raíz de la furia de los habitantes del Callao con motivo de la pérdida del navío Esmeralda, «que no se ha equivocado el pueblo en el concepto de que los extranjeros son nuestros enemigos: son repetidos los ejemplares de la mala fe de semejantes hombres y aun prescindiendo de la parte que hubiesen tenido en la sorpresa de la Esmeralda, ellos nos han hecho y nos hacen todo el daño posible» (citado por Anna, 2003, p. 218). 108 Durante todo el Trienio no se enviarían refuerzos navales a El Callao, quedando el Pacífico en manos de los independentistas con la breve interrupción, ya en la década ominosa, abierta por el motín de dicho puerto y el control realista de Lima. 109 Véase, por ejemplo, Jensen (1996, pp. 75 y 85) y el Informe (1822). Algunas de estas críticas estaban presentes en el debate que se generó en torno a la cuestión colonial fuera de las Cortes. Las Reflexiones de un español europeo para el acierto en la cuestión actual de América y necesidad de tratarse con urgencia y detenida circunspección, denuncian la censura a la libertad de expresión, al ver «anatematizado un periódico porque dice la verdad que por tanto tiempo se ha ocultado a la nación para no librar, como no ha librado el gobierno, una sola determinación acertada y segura, dándose lugar con el arcano, la inexactitud y la falsedad a que hayamos perdido el tiempo en esperanzas alegres, y en aplicar remedios de tal naturaleza que han agravado el mal y héchole incurable según todas las posibilidades» (Reflexiones, 1822, p. 4). 105

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