respecto de este asunto de tanta importancia, y de consecuencias tan trascendentales. Ni los particulares, ni el Gobierno, ni las Cortes parece que están enteradas a fondo del asunto; y de aquí procede el que hasta ahora no se ha tomado ninguna de las medidas que son necesarias para la deseada pacificación de aquellos países, de la cual resulte beneficio a ambas partes. Los particulares que escriben de las Américas, o son españoles o criollos. Si son criollos, todas sus noticias, sus reflexiones, sus proyectos son otros tantos tiros directos o indirectos a favor de la causa de su país; porque, desengañémonos de una vez los criollos son todos americanos en toda la extensión de la palabra. Si los que escriben desde América son españoles, debe tenerse presente que, o están en países que todavía dependen del gobierno español como Lima y Vera-Cruz, o habitan los países insurreccionados. Los primeros no entienden una palabra de lo que pasa entre los insurgentes, y los segundos no pueden escribir sin riesgo de sus vidas. Los empleados militares y civiles de los países libres tampoco hablan con exactitud. Entre ellos están tan ajenos e ignorantes de lo que pasa entre los gobiernos insurgentes, como los militares y empleados que se hallan en España. Los generales que se han enviado a hacer la guerra, todos la han hecho con valor y con lealtad [pero] la luz de la pólvora no es la luz de la política ni de la filosofía» (Cabrera de Nevares, 1821, pp. 2627). 94 En su memoria del año 1821 Antonio Porcel se quejaba de que «las escasas noticias que se han recibido de Ultramar en este Ministerio en el corto espacio que ha corrido desde su restablecimiento, no son suficientes para darle a las Cortes una completa idea del estado en que se hallan aquellas provincias» (Porcel, 1871[1820], p. 56). 95 Refiriéndose a la situación del Buenos Aires revolucionario, Cabrera de Nevares se conmiseraba de «aquel desgraciado país [que] ha sido alternativamente víctima de unos y otros partidos. He sido testigo ocular de las escenas más sangrientas que puede ofrecer un pueblo abandonado al furor de sus pasiones» (Cabrera de Nevares, 1821, p. 3). 96 Esta imagen de inestabilidad y debilidad de los gobierno rebeldes acabó convirtiéndose en un tópico que recorrió buena parte de la documentación oficial de los gobiernos del Trienio. Así, por ejemplo, en mayo de 1822, Martínez de la Rosa envió un memorial a los embajadores españoles ante los gobiernos europeos en el que se denunciaba el reconocimiento de las independencias por los Estados Unidos. Véase Anna (1986, p. 309). 97 La cita procede del Informe sobre la memoria del señor secretario de la Gobernación de Ultramar, 1822. 98 Moscoso de Altamira fue designado secretario de Ultramar de forma interina para cubrir la indisposición del ministro titular, el peruano Manuel de la Bodega. En este contexto, leyó la memoria preceptiva en la sesión de Cortes del 6 de marzo de 1822. 99 Con respecto a la cuestión de la instrucción pública en las Cortes, véase Broseta Perales (2012, pp. 283 y ss.). 100 Sobre la introducción de este sistema de educación en el Perú, véase el trabajo de Fonseca (2001). 101 Respecto del restablecimiento de los ayuntamientos constitucionales y diputaciones provinciales en el Perú, ver Martínez Riaza (1992) y Sala i Vila (2011). 102 Para el debate sobre el comercio de ultramar puede verse Broseta Perales (2012, pp. 171-189). Puede encontrarse un panorama de conjunto sobre el comercio 104
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