La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

ALOCUCION PIWNIJNCtA D'A EN CONSIS1'0RIO SECRETO POR 1"UJ:STltO !IIUY SANT(T PADRE JJL PAPA PIO IX, 11:L 29 DE oc_ TOBIUC DE 1866. Venencblcs 1rnrm:rnos: Mas de nna vez, venerables hermanos, ya en nuestras letras públicas, ya en diversas alocnciones pronunciadas en esta.s reuniones_ solemnes de n:i~stro Sagrado Colegio, hemos vemdo para llena1 los deberes de nncstro )argo, hacer oir nuestras que-• jas a<:erca de los males que nu estra muy sa'.1ta religion sufre desde tan largo tiempo en Italia y acerca de los acto& inicuos de tan gran grnvcdHd qne el gnbierno snbalpino comete contra_ nosotros, contra la Sede Apostólica. Vos comprende1s pn l'S facilmente qne dolor, cada dia mas vivo, experimen - tamos viendo á ese mismo gobierno ah car incesantem ente y ca.da. llia con 11111s violen0=n. á la Iglesia católic ,, sus leye-. saludables y á sns s:1grados mini tros. . Vos lo sabei~! los obispos, los l10mbres rnns YJrtuosos del clero sccnlnr y regular, los cinrladanos católicos mas honorabl es , son diariamente, sin respeto á la religion, y a la jusricia_y á la l11u_n :1.oiJa~ misma ó desterrados por ese 1111,-mo gobierno, o reducidos á prision ó condenados al do1nieilio forzado y abrumados de toda especie de vejn.c ioní's indignas; las dió(:etis e1-tnn privadas de u· pa. tore¡:::, con p01juicio muy grande de las al nu ; las drgencs cons1-,graclas á Dios· son expulsarlas•cl e sus monasterio!'l y rcdnL:idas á la. mendicidad, los templos de Dios se han violado, los seminarioc; episco - pa'e3 se han eerrn lo, la edncacion de la d1•sgraciada juventuJ se ha stntrai,lo de la diseiplina cris - tiana y se lia. confiado á mar,stros de error y de inºqnidaJ r se ha nslll·pado y ven:fülo el p~trimo11io de la Iglesi;i. Dcsdeñanclo las censuras eclesihsticas y despredando en lo absoluto nuestras muy justas reclamaciones y las de nuestros íenernbles hermanos los obil"pos de Italia, J e¡:::pues de habP.r puesto en Yigo1· mnch:i.s leyes ~llteramentc contrnri:is á la Iglesia católica á su doctrin a, á i-n- derecho3, y pur esta. razon condenadas por nos, este mismo gql>i.!1'110 no ha Yacilado en dat· sobre el m:1trimo11io 0ivil e;omo se le llama, nna. 113y qno e:3ti. compll'tamente en oposicion, no solo cou la doctrina católica sino ta mbi en con el bien de la soc iedad ci,·il, por yue es• ta ley dcspt \• cia la dig11iclad y la sautid~11I del sa· Cl'ament.o del matrimonio, dcs trnye i-u institncion y favorece ~l mas vel'gonzoso conc11l,i11ato. En uft•cto, entre fic]c¡:, no puede haber l'eal111t ut.e rnatl'i111011io l"i no ha y eu d mismo instante y pM el mis1110 acto sacram<:' nto y a I pr,de1· de la Tglt~si;1 es al que pertenece cxd11si\'tt1nente decidir en todo lo qne puede tener rela~ion con el incr.t:11 ,:ntu tLl m tt,rimonio. A-lcm:u,, atacu.11'1 0110 alriertamcntc el estado dc prdesion púLlica de loi. l'Ollsejos ev~mgelicos, qne lia estado y estará siempre en vigor 0n la Iglesia de . Dio~ y llono Je desprecio en <;nanto ri los inmensos benefiuíos ele las 6nlcnes , eg11lar<·I", qne füu- •.i:Hlas por santos personajes y apro! ,ad n8 por la Sf'de ..-\po!-tólic;;i, por tantos gloriosos tral.iajos, por tautas obras útiles y piadosas, han m~recido bi en de la b•>cieclucl cristiana, de Ja sociedad c·ivil y Lle la rcpü l.,lil'a de las lett'as, no ha t•!mido e~te go bicrno dictar nua l•!y por fa qne snprí 111<>, en todor, íos í,a ises que le están ::-ome tiJ1.,s, tc>Ja. las famífias de retigiusos de uno y otro -·~xo, y se apodna de tor..la!- sus pos<•sirinPs así como d1:: otros muc·hos bie_ nrs de la T¡:ri esin, y ul'ganiza. su parLicion. Aun ánlt'S du que pi;..as<: la prodncin de V t•necin, no ha ,·aci!ado <'n <•x[('t1rh•r ñ <:::-tP. pais esos decretos y t.-"'ª" 1<'.V<',:, at1ul:mdo de este modo radbalmentc el <!,,11,· 11r.Jat,, qne hubia1nos ecrlchradu con 11ucst ro muy ~.P ·,id, h.ij11 , ,;u .J e-,u,; :· i::-tv, el e111peradur de AusLA IGLESIA PUNEÑ.A & ~¡:g. ~ii&%MS!&iB-iih¾fHHS &tiEW"4~ w tria Francisco José, decretando contra todo 1ler.:icho y contra toda justicia, q~e esta convencion no te_ nía ya ni fuerza ni valor. Este es el motivo porque, de conformidad con os deberes mas graves de nuestro ministerio apostólico, queremos, en medio de esta muy notable asamblea levantar de nuevo nuestra voz de Pontifico en favor de la rel igion, de la Iglesia, de sns leyes sagradas, de los derechos y de la autoridad de esta cátedra, que es la de Pedro, censurando y re. probando con la mayor energía todos y cada una de esos aütos practicados contra la Iglesia y sus dere<:Í1os sea en esta. oca~ion ó en c 1a!qniern otn por el gobierno subnlpino, del mismo rnodo_qne las leyes y las meJi da:-1 qni:l se han dec0ret,i l, y ej.! - entado pur ese g ,bi eruo y por l0s magistn lo-, inferiot·cs sometidos á sus órd.,rnes . En virtnd el~ 11 1~•,/ tra a11toridad apo,tóli0a, annlámos esos d~crJtO.i y bclas sns consecue • cial", y rleclaramoc; q~t> son y serán de ningnn oíecto y de ni11gnn valor. En cn:u1 - to á s~1s autores que tienen la gloria de li <!var el nomLre de cri tiu,nos, que se acuerden y re!L•xi,,- nen seria ,ueuta qua d0s6nicic1.da.mente h.w c.~i lo iH\- jo el golpe de las censuras y d.e las p::lnas cs·p iritnales en que las constituciones apo tólica y lo;;· decretos de los concilios ecumeni0os declaran incnrsos ipso facto á los usUl'padores de lo s uerechos de la Iglesia. Vos sabeis, \'cnerablrs hermanos, como nos ohj efa 11 algnnos hombrcs pérfirlos é interpretan maIiciusaU1ente á rn capricho la bendicion que hemos aeor,Ja<lo á la Italia cuando elevados á esta silla apostólica, seguramente sin ningun mérito d':l nues. tl'a parte, pJro por un a in )O la.ole decision dJ Dios hemos pronunciado espontáneamente palabras Je pe/ don y de paz, inspira.Jo3 por nuestra cari laJ. háeia los pueblos que nos estaban sometidos. Siil duela, llenos de solicitud po1· el bien y la verdadera felicidad de todo el rebaño del Señor, hemos pedido á Dios, por nuestras humildes y ardientes oraciones, que preservase á la Italia de los males que la a menazaban, que el dou bien precioso de la fé católirccibi ese en ella un nuevo vigor, que la pureza de las costumbres, la justicia, la caridad y todas las virtudes cristianas 1,e l1allascm al 'í cada dia mas florecientes. En el mnmcnto mismo en que nos encontramos, no c:esamos de dirijir siemp re á Dios las mas fer. vientes oraci one s para que se digne arrancar a los pueblos católico de llalia de las estremas calamidades de to,lo jénPro que los abruman y confunden por la mano ele los que contlncen la Italia y ejercen so!1rc ellos una pcrsecncion qne reviste mil formas. Supl:camos pues desde luego al Señor mny clem 1nt-~ qiie ayude y fortifique a esos mismos pueblos italianos con su celestial asistencia, á fin de qne pe1·manezcan inmuta.bl es y firmes en la fé uivina y en la religion, y puedan soportar y sostener con un valor verdaderamente cri3tiano tantas y ta.n trístes desgracias, Pero se engañan de nn mods extraño los que apoy.ínJ.ose en esto, concluyen de allí que ya <lcspojaJos por una. flagrante injusticia de varias provincias que estaban sometidas á nuestra autoridad pontifical, debemos desechar en adelante nue~tro princ;ipado civil y el principado de ~sta siJla apostólica, y los qne nos piden qno lo ha:gamos, Cada nno vé claramente cuan injusta y perniciosa seria á la ígl esia tal renuncia. Por un1. dísposicíon particular du la divina Providencia fué qne . como lo h emos rocor lado en otro lugar, cuando el imperio romano fné destruido y divi<lido en varios reinos en diversas soberanias, el soberano Pontífice, en e¡;fa. gran variedad de estados, y en la sitnacion nueva de la so<;iedacl humana, obttwo su principado civil, · á fin de que, no hallándose sometido á ninguna autorídad cívif, pudiese con toda libertad ejercer su autoridad 1nprema y la jurisdiccion qne sobre toda la Igle • sia le ha conferido divinamente N. 8 Jesucristo 7 á fin de que los fieles pudiesen consentir obcde<·c1· <'On to(la seguridad y con toda paz de conciencía lus decretos, amonestacfones y órdenes de este misrr~o pontífice, sin tener ningun temor de verle dnminado ppr la volnntad 6 la presion <le los pl'Ínt"ipes, ni dtl ningnn poder civil. E!'lte rs el m 'tÍvo por<1 ne no solo nó podemos renunciar á nna autoridad civil establecida por los d~tignios de la divina providencia, para. el bien de la lgle. ia universa.!,:_ síno que tambien debernos defonáer ené1jicamente y poner 1\ salvo todos los dNcchos tl.11 esta autori ,.lad civil, y reclamar con encrjía contra la oc:upacion sacrílega clt! las provincias u<,ni·pa<las á Santa S0de. Este deber ya lo h ~• mos <;u111plido con frecn encia, y tambicn hoy lo <·u.,1plimos r~clam·rndo _V revindicándo esas provinci;-1, . Todo el mundo sabe, por lo demas, con ljlle celu han combatido los obi~pos del uni'fer&o 1:atólico, tan tu por su palabra cuanto por sos escritos en favor el,: tJttestra soberauia civil, que es la de la Se1l-c npo,t1íiica, y como han declarado que en el t'sta.d1, pr1•i;ente de los ncgo<' ios de este mundo c.:. al.,s,,Inta>J1entc necesaria < sta soberania para dar y a •"•"'ll'Hr al Pu:-itífice de Ruina, en su mision de ;pncl'~tar to lo el l'L!baño católico, esa plena libertad que está ·estrechameute unida á la libertad <le toda. la Iglesia. , Los l1ombres de que hablamos hace poco, no cesan de gritar qno nos deberiamos reconciliarnos con la Italia, es decir con esos enemigos de nues• tra religion qne se jactan ele representar la Italia• Pero habiendo sido un establecido protector y guar• día de h, muy santa religion, de la doctrina de la salrnt.::ion, de la virtnd y de la jwitieia y debiendo por tanto proenrar la ~ah,aciun du todos, ¿Cómo podriam1,s reunirnos jamas á aquell11s que, no ~ostenien<lo lilla doctrina s ·rna y npart , ndo sns 01rlos de la verdad nos lrnyen y ni ann han querido ceder á unestros deseos de 11ucstra;¡ pelicion<>e, cuando les- hc::nos rogad o que hicie -eu qne \' uulvan los obispos á taotas diócesis de Italia privndas <le li. asistencia y de los con nclos episc:opale81 Plr•gue á Oios que los que atacan tan violentamente a la Iul csia y á nos mismos · y á. la 'ede apostólica voh~endo S\IS n!i~·adas y corn,1.0~1<'s _hác!:1. á la verdad y á b JUStte1:i, se:in un dia 1ln1111 - nado-s y se enmienden, y l¡ue e11c ,: 1T::illdose <l.1~11tro da si mismo y velando por ._,¡ liien de sn al· ma, se e. fnerzen por rnlvcr a nos bajo el i1np11l¡¡ode un salnclable arrepentimi<.rntn , CÍ('rtamentu natb poJ.ria sernos mas grato¡::: gue el co1Ter á su encuentro, á ejemplo del l'adrn citatlo pur el eranjeli o; el r ..! cibirlos, cotnQ él ('n Illll'Rtros lmtzos, rego.~ijandQnos g1·anclemen_~c en el S~ñor ele ver rcsu,·itados a nuestros b1_¡os que hab1an muerto y de ¡rolver á enco\ltrnr á ]os que se habían perdido. Ellos comprenderi :úi entónces hasta qne punto nu estra au~usta religion, madre fecunda y nodri~a. de tt,das lo.s virtudes, salva-guardia contra los vicios, condur.e á cada hombre en p111ticular y á toda la sociedad ptiG: iea ~a la felicidad ¿Por qué d,rnde la religion r eina con su <lo<"triua snluuable r <-'i:ia tambien la purnr.a <l0 las <:ostumbre!1, l:i provi,Jad, h, pa7., la jnsticia, la caridad y todas las virtudes, y los pu1 ·blos uo son auruma<los con :sostúales tan pesados bajo lo:. que son co11fnnd1do1 euaudo esa misma religíon y ::iu en~eñanza se desdeñan y despreei :rn . En presencia de los hechos lame11tahles ,que a~ cabamos de recordar y u.e 10s suce!:os llenos de tristeza que cada día sobrevienen en Italia, toúo el mando puede ver y conjeturar faeilmente á. qná numerosos y grand<'s peligros e tá espncsta la Seda apostólica, y comó e' eI blanco de laa amenazas crueles de la r"vol u1:iou de los ótlios de los focrédulos, de la cól era de los enemigos de la cruz de Cristo. Por fodas partl•S res1wnan inr.csnotemen. te esos gl'itos fnriol"os qne no r;e!':a n de proferí!' los enemigos mas encarnizados, diciendo que esta ciudad de Roma dd,~ participa.1· de los trastornos y de la revolucion fnnei-ta de la Italia. y qne aun ella debe ser la cabeza. [ Continua,rá. 1 SS IMPRENTA POPULAR-PoR SrMolf Á!..COOHR.

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