, ousc1gra la separacion a bsoln la f'n t re 1a .lesia y el Estado, ha a::.e\·erado que Dt) '. 1slante de que es altam.r1de err6nra, rs ·Lida qnizá, á lo menos c>n m1wl1os (le :ts sosteuedores, u nna sana iulrncion. ';iSf'an<lo sus ohsPrYfH1oras mfrndns- por do ¡ niera lrnn visto fine Ju lg}rsia reei be daño on lwrla frecuencia de los rni~mos que se 1 lmnan sus patronos y que hlasonan tle ser ~ns protectores; y auimaclos. por el deseo de ._1liviar su ang·usliosn sitrn:.v·ion, lwn re- <-nrrido al estéril y ahsun:lo rrrneclio de jndependiwda rompletamcnte <lel Estado. ])ero, inútil tenLaLivn: <le la SE'paracion de la Iglesia y el E~lado se ha seguido Hiempre iumediaLarnente, con perjuicio de <tmbos, la dominacion del EsLaio para la lglesia. Dejando a un lado estas comrideraciones, e::-rnmínemos si t'S 6 no p08ible la inten Lada sPparacion. La Iglesia y el Estado, romo lo tenemos repetido, se refieren al homhre, y por cons1r2,·uienle tienen que tocarse e11 sus fonciones. La Iglesia, es cierto, se refiere mas al espíri Lu, Ya hastaelfnerointerno de la conciencia, el Estado se detiene en el exLerior1 y sjendo el hombre uno, es imposible concebir ]a· acciou de 1a una independientemente del otro. El mismo que es fiel de la Iglesia, es eiudadano del Estado, el mismo que pone en practica las enseñanzas de la Iglesia debe cumplir las leyes del Estado. ¿Cómo anular_pues, toda iníiuencia entre estas dos institu~iones? Pretender esto, llevarlo á la práctica es poner al homhre en guerra consigo mísrno1 suscitar la contradiccion en nosotros y hacer perniciosa la accion de dos sociedades cuyos fines respectivos son la sanL.ifica.- cion de nuestra concienc:ia y el perfecto desarrollo de nuestros deJechos políLicos. Todo lo anterior, al mismo tiempo que demuestra la absurdidad de la proposicion indicada, ·yjene á con.firmar lo que tenemos aseverado respecto del mútuo auxilio que se deben las dos mas grandes instituciones sociales, la Iglesia y el Estado. No pasaré desapercibido el argumento que se hace generalmente por los que pretenden el somelimie::1to del poder espiritual al civíl. En el Estado, se dice, está la Iglesia como las demas sociedades reconocidas por la ley; bajo su amparo y proteccion viven ta·nto ella como las sociedades mercantiles, li lerarias &ª; luego, no hay por qué p1·eLender su independencia, al mismo tiempo que se reconoce la subordinacion de estas. Los que asi discurren, ohidan que la iglesia Católica no es ni la iglesia francesa, ni ]a_ iglesia italiana, ni la iglesia peruana, sino todas las iglesias particulares, bajo la suprema al].toridad del Vicario el.e Nuestro Señor Jesncrislo 6 sea del Romano Pont'J.fice. A tener algun vigor este argumento e( llamaríamos de extensi·on terntorfrd, po- <lriamos asentar q' los Estados eslan sorne- · ticlos, como tales, a la Iglesia; pues, en la gran extension q' ocnpa la Iglesia Ca tolica 80 hallan el Imperio fril'ilcés, el Reino italiano, la Republica peruana, estados perfectamente independientes, y q' reunen todas ps coudiciones para ser y Humarse úrhit ro:; de sus clcsliuos. 1"innln1 P1ll1', y .' i11 que ~-P e1·Pa qm· inlrnlamos at1V'ug,;rn1· ln s11¡irernncía A irn1epP11ch11cia t1 t'1 E .~ L:1tlo, si r11 sn~ rda,·.io1ws co:1 la 1g1Psia, <li; pmte d0. ah~·1rnu de P.:-.3Las a:-;or,iaeio11Ps Ita <lP c·onr.P.hirse sn- )1or,1i11acio11, r.dla sorin ck1 Es lado, pal'a la Iµ;l es iu; pnic\s, col'respondiendo á éste P-1 fin político qne tiene ]a caliJaJ Je nwdio r espeelo Jcl fin espiríLual que raracLeriza á aquella, se descubre entre ambas la suhordí 1wcion Je med10 ú fin. Claramente expues Las las relaciones de In lµ;lesia para el Eslaclo, y ele cuya recta aplicacion depende c-on d in Lerés de ambas asociaciones el bien del - hombre para quien son, para quien existen, f'S claro el deber- ~el ciudadano y del fiel, de la Iglesia y del Es Lado, de lrabajar para que jamás se clesnaturalizen. Ojalá comprendiesen los que ejercen el supremo poder de los pueblos que los esfuerzos que hacen por ex tender su dorninacion sobre la Iglesia cede en grave perjuicio de sus naciones, y que las mismas cadenas con que in tenLan ligar á la Iglesia, coaclan su nceion y embarazan el uso legítimo de su protectora autoridad. JJESPEDI OA que el s·uscrilú Curn de Ji¿/iaca diri.Je ci sus amaclus feligreses, en 9 de Mar::,o de l 8ü8. Despucs de veiutiseis y medio nüos que han trascurriJo desJc que e11 mi juventud fuí destinado á ser vuestro párroco, ha llegado el tiempo d esignado por el Om11ipote11te para rdirarrnc de entre vosotros; porque ese l)ios que provee tollas las cosas segun sus ni tos designios, &i II ver mi i11dig11ida\l y deméritos, se ha servido colocarme en el Deanato del Cabildo Eclesiástico de la Santa Iglesia Catedral de la naciente Diócesis de Puno. Esta circunstancia,quc ha puesto fin á mi ministerio µastoral y roto los vínculos que nos unian tan fuertemente, es la que me obligit á declarar con profundo dolor y su 1no pesnr, que ya no soi vuestro pürroco; y la que me aleja de vosotros, que, como feligreses sumisos, dóciles y obedientes, que me hicisteis soportar insensiblemente el tremendo cargo del p1rroquiado, y me pre,,tastci,, remarcables afecto-3 é ingé11uas consideraciones de respetabilidad y amor; sabreis apreciar debidamente la intensidad del sentimiento que me causa el separarme de vosotros, aunque materialmente, porque ocupais lo íntimo dQ mi corazon; y comprenderéis que debemos vivir mas ciitreclrnmente unidos por la caridad, sea cual fuere la <..listancia que medie entre nosotros:-me e11comendareis á la Santísima Virgen Madre de Dios-y rogareis por mi nl Seüor, para que me asista siempl'e c0n su santa gracia, que yo jamás os ol vidnré en mis sa• crificios. ,.\ hora, si rC'-pecto al ejercicio de mi ministerio parroquial he incurrido e11 alguna falta, os suplico mu.Y reudidar,iente, que me la perdoneis, teniendo en consideracion mi buena voluntad para 5t~rviros: pues qne, poi· mi parte, de nada serei,<:; responsables ante Dios. S(•d pues felices en el liempo .Y en la eternidad. Recibí<l por último un abrazo cordial y un muy tierno adios qne, baüado en lágrimas, os dice vuestro pastor que fué. Josd D. lfu.erta. SECGION LITERARIA. A LA VÍHGE~ MAHIA E1" EL LUCTUOSO 1)1'\ DE SUS .<\"iGUSTIAS. Quomodu sede! sola ci1•itas plena J)()J)/1/o,. ... , (.lr::t:Dt. ) ¿C•j: uu del Sul d1ri:i•; !Jell, t .\ururn, ··· ..... ...... - ~ ,c--a·t · ~ r· ··----···,-- - ()11P rel11f'i s le'- al n~<·1tro s11e10, Triste 11iebla Lu 1.,rillo tlcscolor-a? ,;_ f:ú1w1, 11Pina eternal de ticna J cielo, Así l1Nido sn Yt> 111 per.hn santo l'or la espada cruel tlel tlcseousuelo? \'c,;fida le hallac_ de somhrío manto, Ernltlc\ma fllner.d ele la lrisleza, Baúado 111 scmhlaule en largo llanto. ,\~ ! r¡ue l t faz rr11e al mundo ,clió ~rantlcza. Vida :t lus nrncrlos, y ll los P-ÍP.g11s lumhl'll, Apagó el respla11dor de su lwlle;,;a. Lo!'; l:1l 1ios r¡11e rnrlicron rlulccdumbrc En tnrr!.'nl es ele d·li<'a doctrina • Nu ini-Lru.1 en it la humana 11111chcd11mbrc. Ni de los ojos ,rn la !11z clhina Q11P encanto 1'11ú <ie la celeste altura, A herir viene t•..: frente per-egrina. La sacr'ilega muerte fiern y tima El fruto ~acro que llevó tu $6\llo, llil de::trozado cou su mano imvura. Y el día que brillaba antes s1•reno. De su duelo e11 señnl se ha oscureeitlo, La11zando lwrrible )' espantoso trne110. Solo el pud,lo feroz y endurecido lkja en s11s litltios rnr inicua ,·isa, Goútndose en la sangre que ha rnrti<lo. Ese, pnes, eou irónica sourisa Salve, Hey, por san:asmo pronunt:ial1a. Y ú que murrese u11 Dios se datia pris,L. Tu acento la;-;timero no cscuchaha, Y ¡l tuc_ nj11s, s11s palmas alrl',id,is }Je tu liijo en las ,nejillas estampc1lta. Y sus brutales ansias ,·io cumplidas, C11ando espirnba alz-tdo en el mallero El mismo t'lrbiLro ) dut•ño de las ,·idas. Y ¿_c6rno clan1I o 111 hidilo poslrcro Eres testigo, Mallre, de una escena Que en lulu envudrn al universo entero? ¿Tú de arnarg11ras y dolores llena, 0Ycs en ese lance tan tremenclo Cua~1do su voz enronquecida suena: Mi alnrn, Padre, en tus manos cncomieudo; Y cloltla al peeho pálida la frente El último suspiro despidiendo? AJ! r¡ué aflicwione:;~ fJllt'- pesares siente Tu corazon de lanlo laslim,itlo, Viéndole ruue.rLo de una cruz pendiente. Ya no le adoras, pues, no le acaricias: Clavado y frio 1-slit: rn han fenecido Tus glor¡'as, tus consrÍe!os, tus delicias; ¿Quii·n en tu estado tri,;te ~· afliji<lo Adormecer podrit l-11 sentimiento. , Y tornarte el placer que has Ja perdido? 1 1 :\aclie volverte puede tri contento, Que en ese pecho, 1laclrc clnlor-itla, Solo tieue morada tu 1ormeu lo. Todas las madres cuando ven sin vitla La JJl'Ct1cla de su amor, senda de am¡,aru, Desc11hre su memoria auncJilC afliji«la. Tú sin el resplandor de tu hijo claro, Sin esposo, ni herm~no, en tanto duelo Nada hallas que te sea dulce y caro. Toda fuente ha secarlo el alto cielo, Do pudieras dej,ir [,,uta amargura, Y beber una gola tle consuelo. Ya no te llames, no, vida ~- tlulwra, Que en el nrnbral estús de la agonía, Apurando l.t hiel de la tristura. Diga, <liga, tu · fabio, madre mi,,: Si me quitais á rni hijo, lo.~ veneros De toda mi ri,¡uem y alegria, Sepulladme con úl: sed menos fieros, :No haciendo dilatar esta exi:-Lencia En tan largos momeu tos lastimeros. Pero ¿por quiún? ¿por quién tanta i11elemc11cia mere, y destroza tu sa¡.:Tado pecho, San luario t.le pureza l de inocencia? ¿)li negro 1·rímen, mi brutal despecho A~! Le ha sumido en tan profunda pena Y de t.lolur, oh Dios! no cstoi deshecho? ¿\'i.•ole, madre, <le pesares llen.t, Co1n-ertida en un mar de sinsahores, )' atre,·ido, mi frente alzo serena? ¿Busco del mundo las falaces_ flores? : De fu .,¡,z ilusion el grato ensueno, ;ufrietft.10 tú del duelo los rigores!' Despierta ¡o corazon! ?el torpe ~ur-úo Y ruira que padece una rnocente, _ Sieu<lo tú el dig11'> de ese t.luro lcno. ¡O corazon! ¡ó m¡irmul indolente!, P;utete de alliccion. y en l1ugo llanto Alire en tu centro inagotable fuente De lloro, de tristeza, de quel,ranlo. r. n. 1' 1 l tupre ula <lu «La l¡,le:, i l PllllCÚ,l1J- ['ur ~l. e, .n,,rtincl.
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