La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

las bendiciones del cielo por su cal'Ílulivo y religioso proeedimiento. D. Au<lres ürbiula -'1 rs. v ,rarcC'!ino Srrnd:ez. José ~lolle:',ae,1, )ln11~1el ~lollcsaca, l\!aria110 )!ng·ua y l·,u!alia Crrntia, á á 2 i'S. e¡ u ..... . ........ ..... ............. , , I . G Isidro l\lamani, iHa1111P l .\pasa , J11n11 ,\- pasa, Ata11acia Cota, ,1a11uela Caua:-;a . Clara Perez, l\Iariano l'!..!al'te, hahel Ve!!a, Geró11imo Mumani, Cipriano ~ln11lilni, )fouucl Hanco, .i11lin11 Laura, ,\ndres Cocn . Mereede:,; Hn11co, Sit11<)11 Manco, ,1anuela Chura, t, icgo Mnllesaca, .lua11 Chnn1bi, Isabel Qui:-;pe, Ca., Ptano \'ar~as, '.\larce lo Conza!Ps, Pedro Cli0q11e, Pedro Cat.u11ta, 1\foria1:o }Collera, Haimulldo Peralt;1) Dominga <,:hura, Agu,,ti11 l\Iollesacn, Ca.,etauo )follesaca, Pa:,;cual \lol!csnca, Tcn'sct Quispe. '.\la1111ela Vilavila} )!ariano ~lnllesnca, 1\Ianuel Mnllesaca, Nico !as Tipo, Jsirlro Ticona, .losé ~iamnni, Sdwstinn C!iambi, Apolinur ~a11chez y Hu111a11 Od1ochoque ti real c¡u ................................ 1L (3 Pablo Vega, Maria Chambi, ~anto:-. H1111co, Matias Hanco, Pa:;c11al Caira, Marcelo ~{amani, Rosa "[~arte. Ll~onarda E11ci11a:.;, Maria E. Laura, )íal'ia ;)lama11i. T,uis•chuT'a, Bnenaventura l-lanco. Gregnrio Huallpa, Tomas Chnnihi, .luaua Gonznlo, (;rcgorio Chambi, Juan l!nnco, Si1non Hn11- cn, .luan Molle8nca, \'entura Uutron, ~l:1ria l\fonrov Rosalía ::,olís, Homualda Mamaui, Raf~¿\a Quispe, Luisa Qui:pe, \'ale11ti11a Qnispc, Clara Chubi, Tomn"n Qni:;- pe} Sehnstiana Ag-uit'l'C, Heuifo _Aµ-uir~·e, Teodora Go11zalcs, '.\la1111el :Hamurn, ,iana~ 110 Go11zales, J ua11 Snmerilllle, J t1a11a Tipo, Gaspar Hanco, Tomas )foliesacn, Gerónimo l\íollesaca, Juan Villca, Mekhora Quispe, Melchcw Lopez, Jacoba Quispe, .luana Molina, i\íariauo l\lolle.gaca1 Annm¡¡- ria l\fon1oya, Metcliora Lopez. Hosa Go~- zales I\Iaria Cerna, Mariano Coca, l\lana • Jobe: Hdefonso Tipo, Ensebia García,_ Estevan Rejar, feliciauo i\Iumani, Mariano Ugarte, á medio real c¡u .................... 3. 6 TOTAL... ~ 10. 2 MONSEÑOR OUPANLOUP. ~¡ la francia tuviese, como 1a antígua republica de Venecia, un libro de oro par_a consionar )(i)s 11ombres. de sus varoues em111ente~, sin duda constaría en la primera ~ágina el nombre de l\lons. Dupanloup, d1stin~uiendose bajo los tres conce~tos . de obispo, orador y escritor. Per~ 1~ dtvers1rlad de cualidades y do1ws que le d1stwguen~ hace precisamente muy dificil un bosqueJo de esta gran figura, en _la 9ue domin~n sin duda ciertos rasgos, s1 bten su variada. es~resion no está siempre al alcat1ce del d1bu1aute ni aun á veces del fotógrafo. Por lo que respecta á su bio~rafia, no bastaría un tomo para darle cabida, tan laboriosa y fecunda ha sido la ... ~ida <le este ilustre hombre. Bien puede decirse qne Mons. Dupanloup es el Tito del episcopado; tal es el celo con que procllra no perder un momento; y bien sabe el muudo católico cuales son sus ocupaciones. •Cuánta diferencia media entre el niño de 9 ~ñoa que en Paris y en 1_810 se esca~ó un dia de su casa para seguir por espac10 de tres cuartos de hora y confundido entre la multitud, al hombre que llenaba entonces el mundo con la fama de sus hechos, y el enaltecido prelado. que ve ahora ~ los pueblos agruparse para 01r su palabra! ¡Cuauto trecho ha recorrido! cuánto ha trabHJado! ¡cuánto ha combatido! pero tambien ¡cuántos triunfos ha alcanzado! Para el vulgo es ante todo un hombre de lucha, y mejor diríamos, un hombre batallador: y por ello comprendo en cierto mo- <lo la frase de 11n ndYer;:;ario c¡ue Jc-;cn11rlo d<:- sig·11ar á lus Jo;; mas ilustre:; defe11sorc•:,; de la' Santa :.;;ede en nuestra épnc;i, los lla111ub,1, hnci e11do co11 sns titu!os uua sig11ificaliva confusion, Mons. Lamot·icicre .Y el general Du- ¡wnlonp . Mas p;trn los (jUI~ le tOlllt'<:e_11 ::1;1:; á fondn, es uu upústol en toda la c::ileuswn <le In pai;i hra. · . Como profc•snr de la Sorhonn, como d1rl'C'1or de la j11,·eutu l e.--tudio:-a corno 01:,1dc1'.', como ho111l1re de pnlémicn. como nrude:n1(•r,, siempre se vé en él predominar el cele:-:n~- tico; y en medio <lel estrueiHlo y d<'l pul- , o que en el combate se l('_v,11r1,:, 110 :-!. 1 • le ve a11dnr en bw,ca de la glorrn, s1110 en liu:;- ca de las nlmas. Hubiera deseado lc1 pnz y la so l ed.id; una vída oscura ·v retiraun Pll los mu11fl's ." f'll el silencio (i'e los grandt>s bosq11cs hubiera correspondido nwjor a ~11:-; dcsc·c!s prefere11• t('s· v mas de una vez sus am1~0:-; le han o;d~ ·Íamentarse de la co11:-:t.ante njitacion eu que se ve obligado á vivir: pero l,1 Pro, idcncia le habia reservildo este dcst1110, -y le ha sido preciso resiguarse al pnpel de Ci11ci1rnato perpetuamente. alt)ado de su aratl~. Estas modestas i11cl1nac10oes rnn en el muy sinceras; en t81 1ü fué nec_esaria u11a ~·erdadcra presion de sus s11pen?res y an11gos para inducirle a aceptar la m1tr~; y cuaudo alo·unos años despues, se trato de tra:.;larl;;.le á ]a sílla arzobispal de Huan} de::;ed1ú decididamente la proposicion, e!>clama11do: «~ó, nó: hice la locura de aceptar la pesada car~n del episcopado; no _he de cometer otra locura que agrave la pnmera.» . ]:u su hnbitncion todo reveln una _sencillez monacal; en su dormitorio l_iay simplemente una cama de hierro, dos sillas de madera blnnca, y la cómoda de nogal propia de un semiuarista. Su sobriedad hace que solamente pern,anezca ,•ci nte minutos sentado á la mesa: su éoche, regalo del conde Sehouwalhoff, fJUe ·se lo d1ó en otro tiempo al cambiar el brillante uniforme de coronel ruso por el hábito de bernabita, su. coche, deteriorado y gastado por un trabaJo continuo) ha pasado á la categoría de una leJenda: y en su traje nunca se ha cuidado de la sana elegatlcia. La puerta de su palacio está abierta a todos: en su oratorio se le eucucntra constantemente a ' ta disposicion de los mas humiides y con frecuencia se le ve en las calles de 'la capital de su diócesis d~tener a los niños para acaricia:los y bendec~rlos. . La infancia, «obJeto de su primero y ultimo amor,» como lo dfjo con tauta siuceridad, gracia y espansion en su ~en~orable discurso de entrada en la acadenna francesa, la infancia, hé aquí el privilegiado objeto de su celo: por espacio de cuarenta años, se ha o~ cupado con ternura de la infancia; ha Jevan tado en su obsequio el mas bello monumento pedagógico del siglo, y a·uo al presente le dedica con especial celo los restos de un entusiasmo tan Yi vo y fomentado como nunca. Mons. Dupanloup es quien ha escrito} en su magnífico Tratado de edi¿cacioñ que un maestro debe fijarse en todo, «desde el alma del niño hastq las cintas <le sus zapatos." "Y nadie como él pone en tan minuciosa práctica esta max1ma. Nacido á 3 de enero de 1802, en un vi. llorio de esa SaboJa que fué patria de José de i\foistre v de San Francisco de Sales, parece resumi;los en sí; hasta tal pu11to reu - ne en sus admirables cualidades la dulzura y la suavidad del uno, y la encrgia y la grandeza del otro. , Despues de unos brillantes e.studios en que obtuvo todos los premios, fué ordenado l\Jons. de Quelen en 1825, siendo destinado á la parróquia de la Magdalena doude su catecismo se hizo en breve popular. Asistía á sus confereneias catequisticas toda la juventud brillante; los emigrados portugueses, italiauos y polacos que entonces eran numerosos en la capital de Fraucia, concurrieron á ellas en crecido número, -y el elocuente , ,icurio logró reunir eu su auditorio ú Maria Allwlia, á la pri11cesa Luisa, que fue de:-;pues re111a de 1<1 :; belµ-,1:-;, ú la princesa Clemer1l111a, que de>,pllt':-i lia sido duc¡11c:-.a de :Snjm1in-Col1urgu; a dona l'!lilriu, de~t111ada al tron,> de .Po rlugal, y á la fut11ra e1Hpc.:ralriz del Brasil. !.a delfi11a 110 l.úrdo eu eli-jirle parn limos~ nern, .v :,,ie11du cu11f1.:sor del j11v1.:11 d11qüe d e 1,urdeo:-. c11 ::.us pr1111t.•rns afni~. lu\'o algu11 1il'1t1po de:-,¡wcs la ddicad:1 111i~i1i11 de asistir al p1·i11ci¡rn de Tallcyra11d eu st1 lecho <Je muerte. l:l Cardennl de Perig·onl. Arzobispo de Pari", dllles de t11nrir rugó co11 i11stl1111•ia:-; á "ll :--11<·e:-;or que trabajase por Lodos los 1Jl 1:•dins p1,- s1bies pnrn IH co11versio11 U(; su Jª demasiado c01ebre sobrino. E:)la c.011,er~ion fo(' t>l olij,·to con:--la 11le rle )fon-; . de (Juekn. «Q1tilt1dlllc IH vidH, 1)10:; min; repelia con fruc.ue11cia <:I ~anto prelHdo; pero dadu1c su 1tlma.,•-«\a :-.é, d1•cin por su parle sonriendo el anciano diplo1mít.iC'o, (JLW el Arzobispo q11iere ganar 1ni alma a Dios para ofrecerla al Cardeual.» 1Jnus. Dupan!oup fue q11icn tnvo la ltonra, ó mejor, el consudo de indueir a penitencia ni ex·-Obispo de.Auliu, y quien obt11vode él, en prese·nria de varios tt~ .~ tigos, en trc los cuales liµ;uraha11 !\DL tJe Banrntc, Hn_ycr-Collard, ~n111t-.\ulHire _y ~lolé, una rdractaci(lu completa y solem ne . .Alguuos incr (du los trntarou de n<.>gar el hetho; pero la fórmula d,• la 1·,~- tractacio11 qnt:dó escrita v .íirma<la de nmio propio de Talle,vrand. • · 1 ~o ha mueho, el Obispo de Orleans se vió precisado á hablar de este incidente notable dP. su carrera; y guardando uua uoble reserva, afirmó con la autoridad quu se dá á la consideracion de un testigo J ibre de toda escepcion, que el prín,cipe de Benavento ett sus postreros momentos fue tocado por la mano de la misericordia infinita, y deploró los estraNíos y los escandalas de su vida. Sucesivamente Vicario de San Roque, 'superior del Seminario menor, Cauónigo de ~uestra Señora, y Vicario general de Paris. i.Uons. Dupauloup ha dejado á su paso por todas partes huellas profuudas1 lleg-uudo rapidamente al últim9 grado de la fam ¡1. Llamado a Roma varias veces, fue arog-ido allá del modo mas Jisougero; y como en cad,t viage seg-ia el camino de Turiu ¡..>ara no ir p11r mar, porque uo puede sobrellevar Ja navega-- cion, Je retenía cada vez ~ su paso por dicha ciudad la afoctuosa ami:;tud del rey Cárlos Alverto que le hospedaba en su palacio, y Je manifestaba su deseo de recobrnr sobre el sus autio·üos derechos de soberauo, á fin de colocar!; al frente de una de las principales diócis del Piarnonte. Pero Mons. Dupanloup. aunque por este lado se le ofrecía una mag_nífica perspectiva con la certeza de la protecc1on y de la amistad de un rey, se resistió obstinadamente á las reiteradas instancias de Turin, y volvió u conti.nuar modestamente en Paris sus laboriosas tareas. Sin embarg-o, despues de la revolucion de Febrero, el episcopado, del que se retrala cou insistencia, fué á buscarle en Ja metrópoli; y e:;ta vez le fué preciso ceder. En el mes de Noviembre de 18119, tomó posesion de la sede que d<.>bia adol'llar con tan brillante aureola, y desde esta sede, en -que la Providencia no parece_ bn ?e rle colo~ado sino para que su voz sea 01da a ma_yor distancia, ha formulado en diez y siete años esas interesantes protestas y esas generosas escitaciones en favor de los oprimidos y de los déhiles qne han hallado eco aun en los confines del mi.indo. ¡Qué imperturbable valor! qué constante dignidad! ¡qué igualdad en la grandez;d ¿Donde puede encontrarse otra mas estable y noble alianza d~ la fé y <le la razon, de la religion y del patnoti:;mo? l\Iao·nífica ' será la historia que se escriba de r, ' . sn episcopado: abundarán en ella las pagrnas conmovedoras, y la emosion se levantará con frecuencia hasta tocar en los límites del en-

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