sea la eonservaeion de la monarquía pontificia. <<Cuántas ventajas, dice, no resultan para la ·ociedad <lel establecimiento en medio• de tan tas potencias armadas de un poder capaz de obligar, sin el emJJleo de la fuerza, á observar la juslicia, á respeLar el mai.rimonio y á man tener los pactos celebrados por las rnl<'iones! Tan bri1Jnnle rPsnltaclo se obt.c-mia sin que hubiese ueCtLitlad <l<' recurrir á las armas, casi sin dominar LerrilorialrnetJte, porque se creia que la concien<'Ía gobernaba al mundo, en tanto que en 11uPslra época en la que todo se reduce á la fuerza material de los Estados, á la conscripcion y á los impuestos, la misma autoridad pontificia se ha visto obligada á asegurar su independencia dándole como salvaguardia un trooo material. De~ti tuir a los reyes pertinaces en su perfidia, y desli}.rar a los pueblos del juramento de fidelidad en favor de príncipes infieles, tal era entonces la verdadera y sólida constitucion, tales los derechos que hoy se arrogan las sociPdades se.cretas y los autores de la revolurion, t>Chando en cara á la corte pontificia de haber abusado de ellos.» La ser.ta que al terminar el siglo XII obtuvo muchos partidarios, fué la de los man1:queos, quP. venidos de la Tracia y Bulgaria se decían depositarios del dogma de la iglPs iu oriental fundada por San Pdblo. Y ved como se expresa el aulor: <<Los maniqueos hahian Íl l'vrntado una especie dP- fáLula en la que Dios y el demonio erau coelernos é iguales en poder. A Dios babia tocado el cielo y los ángeles, al demonio la tierra y las mugeres. El demonio envidioso rodeaba la m uralJa en la que Dios había encerrado su creacion, y despues de varios siglos, habiendo descubierto una hendidnra que había en ella, introdujo la cabeza y sedujo á los ángeles para que por alll contemp1asen la belleza de las mugeres. Consiguio sus intentos, pues los ángeles se salían á bandadas, y de su comerc10 ron ellas nacieron los hombres, mezcla del bien divino ·y del mal diabólico. Para combatir esta heregía, la Iglesia suscito las santas Y!rtudes y el celo de los religiosos. Se instituyeron nuevas órdenes: los austeros Cartujos, los místicos discípulos del Carmelo, los piadosos Trinitarios de la Redencion, los laboriosos CisterciensPs, fundados por San Bernardo, introdujeron o mejoraron el cultivo de los parajes mal sanos: los lz.umitdes r.;e enriquocieron con la industria de los paños; hubieron algunos otros como los Si"rvienles de Maria de Toscana, los 8yil- "1esflrinienses del Monte Fano y otras sociedades que provocan las chanzas y la piedad de un siglo en que se ve diaristas que admiran á Federico II, Manfred Salenguerra> los príncipes de la casa del Este, los Da Camino y otros asesinos de hombres.» Bajo el pontificado de Inocencio III nacieron los dos órdenes que ejercieron en el mundo la mas maravillosa influencia. Este Papa creyó ver en sueños desplomarse la basílica de San Juan de Letran y avanzar para sostenerla dos personas que entonc;s le eran desconocidas , y que LA IGLESIA PUNEÑA ""' L 4 reconoció despnes ser Francisco de Asis y Domiugo de Guzman. El primero fué fu11dador de los llermanos menores, el o-tro aquel castellano ilustre qne, devorad© por el fuego del amor diviuo y la sPd de los sufrimientos, fundó la orden de los lierrnanos predicadores en 1216. que llf·µó ·· u srr el tronco de rsa an tig11a raza de pre<lfradores, que aun en nuestros dias y en este frívolo mundo se haeen <'Scuchar n·sa de Francisca (que personifica la inteligencia) desprP<~ia<la por Pablo (la vol untad) no s-i.gnifica otra cosa que la avicfoz con la que e} inicia,lo recoje la docLi•ina de boca: de la filo::;ofía racionalista. «La· mas ligera nocion de estética hasta, d·ice J1. Cantu, para rechazar un sistema en el qu~ la accion no seria la ins...: p~racion sino la alusion, en el que el poeta celehraria un personaje y encantos despro·vistoe de realidad. Muy de veras nos asociamos á: tan exacto y justo pensamiento~ Hacer servir la poesía á amy aplaudir. fü muy curioso todo esle pasaje del libro de M. Cantu. Se encuentra en él tambien un punlo en el que interpreta las doctrinas políticas y religiosas drl Dante, que en nues.tra opir.ion tiene mucho i:1 terés. Es sah1do que el poeta floren tino fue taP.hado de herejía por su libro-de Monarchia, libro tan favorable al absolutismo, que en el se ostiene que el Emperador no está sometido al Papa, sino eu las cosas que se refieren al fuero interno Duplesis Mornay. apellidado el Papa de los Calvinistas reveló muchas opiniones del poeta, nada conformes con la doctrina católica. El Padre Hardouin el parado/al, fué mas lejos al afirmar que el autor de la .IJzvi·- na Comedía era un impostor, un encubierto discípulo de los dogmas hetm·odojos. E11 nu0stros dia~ Ug-o Foscolo,. ~abriel Rosetti y Eugemo Arome. se hicrnron ecos de esas exajeraí'Íones. En cuanto al e~céptico Bayle, decía: tened cuidado con Daut~ qne proporciona pruebas a lo~ rrue le llaman brnm catplico, y á los qn~ lo niP-gan. Por otra parte, el famoso jurista Barthole, Saint A• 1 tonin, Coeffetan y el Cardenal Belarmino han defendido su ortodijía. Aroux se avanza hasta asegurar que las obras del Dante contienen una mezcla de herejías y aspiracio1es revolur.ionarias y socialistas. Segun el, el Veltro (~algo) del Dante era una puLibra profética en la cual, alterando el ordP,n de las letras, se encontraba el nombre de Lutero. Rosetti partiendo de esos ingeniosos datos, sostiene en cincol volumenes que Dante y Petrarca, bajo el velo de sus amotosas concepciones, se entregaban á investigacione3 mP,ramente especulativas, y que la muger á la que ellos simulaban dirigir sus galanterías no era n~ Beatriz ni Laura, sino la Iglesia libre. En fin todo lo rela~iona con los signos masónicos, que en Dante no son un misterio ni para los profanos. En este orden de id~as la palabra amore (amor) es, se decía, la llave de todos esos mis1erios. Francisca no es la amanta de Publo, es la Iglesia Protestante de Rimiui. uno de los focos de la herejía. El poeta movido de piedad para las matronas y caballeros qne se habían alejado dPl camino gibelir,o p1ra tender hácia el Catolicismo, ve en Pablo y Francisca á dos.fieles d,:.l amor llPvados como sombras ligeras lejo3 de las regiones dP,l guelfismo, y háe ia la Semiramis pontificia. Alberto el tudP-s"o es el rey del uoiverso que, si lo hubiera querido, habría dado la paz á Dante, á Dante que se vuelve t1·isto e pio, es decir h1pócrita del papismo por no exponerse al martina de 1os dos amantPs; ln l.(1r, rlPSP.rUl,(1 son- .biguas parábolas era indigno de dos almas corno las de Dante y Petrárca, y uo queremos inferir á Laura y á Beatr1z la injuria de creer que no fueron sino fantasmas de esa mala dialéctica. ¿Y si Dante no osaba llamar a lasco- , sas por su nomhre, cómo se vanagloriaba de tener acentos capaces «de herir las mas elevadas cimaS1> y de ser «e1 valeroso amigo de la verd~d?,, ¿No merecía en lugar de conservarse su nombre, pt1rmanecer con los perezosos oque desagradan á Dios y á sus enemigos» (lnfiier. lll) 6 con los hipócritas que estan «en la Iglesia con los santos y en las tabernas con los ~eodos?,, (Infier. XIII.) M. C,mtn recuerda que Dante en su épocc.1, lejos de ser considerado como herejP- se le llamaba: Theologus ])antes, nulli'us dogmatis e:cpers. Despues de su muerte, fue enterrado con el hábito de San FI'ancisco en una iglesia de Florencia, y se fundaron cátedras para comentar sus obras hasta en el santuarw, en ~onde se le erigió un mausoleo por la diligen~ia del Legado pontificio. Es cier- , to que cuando la jóven Ita]ia qui&O celebrar el décimo sexto aniversario dP, su nacimiento, dió curso á sus trasportes revolucionarios 'celebrando el pretendido od10 de Dante al Papa y á la Religion, lo que no impide que figure entre los Padres de la Iglesia en las pinturas al fresco del Vaticano.- Vi"de etjv.d1:ca. Algo mas lejos percibimos otra figura, la de Maquiavelo (1469-1527). Apareció en una época en la que se ambicionaban las llaves de San Pedro, mas ccporque eran de oro q' porque abrian el cielo.>> Maquiavelo por su juventud disipada y por sus obras de filosofía licenciosa y cínica moral, fué uno de los precursores de esa democrácia unitaria y materialista á la que tiene á honor pertenecer un ·escritor que acaba de publicar sn J!}nsayo sobre aquel personaje; nos referimos á M. Deltuf. Para los partidarios de tal e.a usa sabido es que C<el fin justifica los medios.» No es pues sorprendente que M. Deltuf dé toda su aprobarion á las obras de Maquiavelo, cuando declara que le ha consagrado su simpatía. En cuanto á nosotros, nos reservamos la nuestra para mejor ocasion. El hombrt-• que ha dicho c,que un príncipe debía saber ser hestia y hombre» y ccque valia mas que fuese temido que amado,» que ha hecho la apología de la vjda y crímenes de César Borgia, jamás puede ser el pensador y filósofo que señalemos al reconocimient.o de nuestros contempo-
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