El movimiento popular que se desató en Cusco (agosto de 1814 a abril de 1816) en apoyo de la autonomía y el movimiento iniciado en Huanta (diciembre de 1825 a junio de 1828) en favor de la restauración de los lazos coloniales con España, formaron parte, como pretendo demostrar, de un debate constante en el Perú entre quienes afirmaban ser ya adultos racionales y quienes lo negaban70. Se impusieron estos últimos. La rebelión de Cusco El movimiento de Cusco comenzó en la capital de la provincia y se propagó con rapidez entre los campesinos y aldeanos indígenas de la campiña circundante, antes de conquistar el apoyo de residentes rurales y urbanos de las provincias vecinas de Arequipa, Puno y Ayacucho71. En 1815, en los momentos culminantes del conflicto, los rebeldes controlaban la mayor parte de la mitad meridional del país y contaban con el respaldo de más de veinte mil personas, incluyendo eclesiásticos, campesinos indígenas, aldeanos, abogados y artesanos. Los sacerdotes cuzqueños tuvieron un importante papel en el movimiento. De acuerdo con cálculos hechos por Tadeo Haenke (1901, pp. 287-302) en la década de 1790, había en Cusco un sacerdote cada 787 habitantes, considerablemente menos que en Trujillo (uno cada quinientos) y Arequipa (uno cada 358)72. Sin embargo, los clérigos cuzqueños, en contraste con los de otros lugares, eran «probabilistas» comprometidos y estaban a favor de la autonomía (Millar Carvacho, 1987, p. 198; 1989, pp. 231-232). También tenían una extensa y compleja serie de redes en la zona que les permitían difundir sus opiniones en la vida pública. Los conventos de La Merced y San Francisco, en el centro de la ciudad, albergaban entre ciento setenta y doscientos sacerdotes y aproximadamente la mitad de monjas. A juicio de los funcionarios oficiales, esos sitios se habían convertido en semilleros de constitucionalismo (E. Romero, 1971, p. 55). Los eclesiásticos de La Merced y San Francisco tenían vínculos estrechos con las clases medias profesionales de Cusco: abogados, comerciantes, médicos, artesanos y maestros, y también con el sector plebeyo. Los vínculos con los primeros se habían forjado dentro de la familia: Todas las familias de Cusco tienen un director espiritual. […] Tras la misa matutina, los sacerdotes visitaban las casas de todas las familias de su grey. […] Por lo común desayunaban y almorzaban con ellas […] y no volvían a su 70
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