La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

atraso económico. La incorporación a la economía mundial dio origen a enclaves exportadores en América Latina, que empresas extranjeras utilizaron para trasegar riquezas y controlar y «desnacionalizar» la economía local (Cardoso & Faletto, 1979, pp. 69-76, 101-128 y 173-174). Todos los países de la región cayeron en la pobreza y el atraso, aunque factores internos determinaron la magnitud de esta situación. Chile y la Argentina, por ejemplo, fueron los de mejor desempeño debido a su relativa abundancia de mano de obra barata, recursos minerales, capital de inversión y un fácil acceso de sus bienes a los mercados (Cardoso & Faletto, 1979, pp. 66-73). Factores internacionales y nacionales provocaron la «desnacionalización» de la burguesía urbana, la desorganización de la clase obrera y el debilitamiento del Estado, con lo cual resultó difícil para cualquiera de ellos crear un régimen democrático, como había sucedido en América del Norte y Europa Occidental. Insurrection and Loyalty, de Jorge I. Domínguez (1980), propone un tratamiento parsoniano del autoritarismo latinoamericano. A criterio de los teóricos de la modernización, la incapacidad de América Latina para romper con las normas «tradicionales» y hacerse de normas «modernas» se debió a dos factores: la frustración personal y la inestabilidad institucional. Según Domínguez, la incertidumbre económica en el sector exportador generó una frustración extrema en las élites más poderosas de cada país29. En vez de aventurarse en el mercado y correr riesgos calculados, las élites latinoamericanas retrocedieron en busca de la protección del Estado, provocando un conflicto entre la élite empresarial y gubernamental y la élite «moderna» que promovía la liberalización (Domínguez, 1980, pp. 4445, 111-121, 140-142 y 242-247). Las élites tradicionales y modernas de cada país lucharon por el control del Estado y son responsables de los amargos y recurrentes estallidos de guerra civil que fueron epidémicos en la región a lo largo del siglo XIX. La creciente inestabilidad impulsó a la élite tradicional a abroquelarse aún más en sus concepciones antimodernas e incluso a aumentar su dependencia del Estado, con lo cual contribuyó a acrecentar la «sobrecarga institucional» y a erosionar la capacidad gubernamental de restaurar «el orden público» (Domínguez, 1980, pp. 25, 84-105, 117-130 y 189-195). En opinión de Domínguez, las élites chilena y cubana fueron las únicas que lograron romper este ciclo. En el caso de los cubanos, empero, no lo consiguieron gracias a su propio esfuerzo, sino porque su país fue invadido por tropas extranjeras y la élite nacional, durante la ocupación, quedó privada del acceso al Estado y se vio obligada 32

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