La formación de la sociedad civil y la democracia en el Perú

La guerra tuvo un efecto catastrófico sobre la vida política, que sería un caos a lo largo de tres decenios antes de que los peruanos pudieran recobrar su impulso cívico y asociativo. En palabras de Joaquín Capelo, el primer científico social del país: Nuestras instituciones están petrificadas, casi en su totalidad. No hay en ellas vida, porque no hay espíritu, ni organización adecuada. Se mueven por velocidad adquirida, en virtud de su inercia, y no en función de la energía vital, que debían almacenar y no almacenan: son panales que hicieran laboriosas abejas, muertas ya; y solo han quedado los zánganos […]. La miel que se elabora, se consume ahora, pero no se reemplaza […]. El interés y la explotación han sentado sus reales. […] El espíritu de las instituciones, en muchas de ellas, voló a las regiones ideales; solo han quedado, en las más, simples cadáveres, y en unas pocas, cuerpos casi muertos, pero con cierto resto de vitalidad; aún es posible abrigar una esperanza […]. En cuanto a las instituciones sociales, no es el gobierno el que influye más; es la sociedad misma la que debe intervenir. […] Dos son […] los caminos que pueden seguirse […]: la acción individual en las masas o la acción central en los poderes públicos. La Francia del 89 siguió el primero; el Japón, en este siglo, siguió el segundo. ¿Cuál de los dos podrá seguir el Perú? Los dos tal vez (Capelo, 1895-1902-3, pp. 311-330). El enfoque de la vida política centrado en el Estado había llegado a ser dominante y generalizado hacia el cambio de siglo, y es el que mantiene su preponderancia en el Perú contemporáneo, con la presencia del expresidente Alberto Fujimori o sin ella. 155 Salvo indicación en contrario, los datos de todos los mapas y cuadros de este capítulo provienen de Forment (1977). 156 «[C]asi todos nuestros prefectos y subprefectos pertenecen a las fuerzas armadas. De hecho, la práctica es tan común que hasta hoy yo había dado por descontado que la Constitución así lo exigía» (La República, 1864a, pp. 2-3). Véase también Basadre (1929). 157 Se encontrarán estimaciones numéricas y exposiciones descriptivas del uso de boletas falsas durante las elecciones de 1862, 1868 y 1876 en El Comercio (1862d, p. 2; 1868, p. 2) y Fuentes (1878, pp. 1-30). 158 Véanse también El Comercio (1871a, p. 2; 1877j, p. 2). 159 Véase también Quimper (1867, p. 1). 160 Se encontrarán descripciones de la violencia electoral en otras partes del país en el artículo titulado «Elecciones», publicado en La República (1863b, pp. 4-5; 1863c, p. 3; 1863d, p. 3). Véanse también La República (1863a, p. 6) y Anónimo c (1860). 161 Véase O’Gorman (1992, pp. 79-115) sobre la relación entre violencia y votación. 162 La muestra incluye el 14% de todos los clubes electorales de mi banco de datos que se establecieron en 1872. 227

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