CAPÍTULO 1. LA DEMOCRACIA CÍVICA COMO PRÁCTICA COTIDIANA Mi trabajo sobre la democracia latinoamericana —y aquí, de la peruana en particular— dialoga con cuatro grupos de investigadores: los tocquevillianos que estudian el carácter cambiante de la vida pública; los latinoamericanistas que estudian los orígenes del autoritarismo en la región; los poscolonialistas que estudian los efectos negativos del legado colonial sobre la democracia en los países del Tercer Mundo, y los teóricos políticos que estudian los regímenes poliárquicos en el mundo moderno. Los estudiosos de un grupo rara vez traban conversación con los de otro, aunque por mi parte he comprobado que el trabajo de los cuatro tiene directa relevancia para el mío propio. Las ideas esbozadas en este capítulo no son más que mojones. Su objetivo es proporcionar a los lectores un mapa carretero de la espesura histórica que tienen por delante. Los aventureros que disfruten de las caminatas sin guía por tierras vírgenes pueden saltearse este capítulo y volver a él cuando quieran (o no volver en absoluto). LOS TOCQUEVILLIANOS Y LA VIDA PÚBLICA Los tocquevillianos debaten en la actualidad la importancia relativa que cada terreno público —la sociedad civil, la sociedad política, la sociedad económica y la esfera pública— tiene para el desarrollo de la vida democrática2. Cuatro son las concepciones predominantes. El primer grupo otorga primacía a la sociedad civil3. A juicio de estos autores, la pertenencia a asociaciones religiosas, laborales, barriales, educativas, étnico raciales, recreativas y de otros tipos brinda a los ciudadanos un lugar estable para forjar lazos solidarios y reconocerse unos a otros como miembros de la misma comunidad. En estos grupos, las personas también adquieren las aptitudes prácticas y deliberativas que necesitan para llegar a ser ciudadanos competentes. Pese a su importancia, la sociedad civil — afirman estos autores— se deshace con rapidez debido a que los 21
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