La aurora
LA AURORA~ El dcsrubrimiento de America– Ccmsi<lcracioncs generales. La navegacion, como tollo~ los fenéimenos sociáles, no i,a odido llegar nl alw g1:ado de ¡lcrfeccion 011 qúe Sd halla si {, 0 procediendo succes1vamente desde los mas av~umr,ulos 1 ~usayos, ¡,or q¡¡e el d~sarro\lo es t•na l_ey, que -prec1de . la marclm de )a hunHnidad: ;•ingun aco11tec1mtento existe '.~1s- , lado, viene ¡¡ ser siempre como algn_n ~slavon d,,. una cad,na 1 entrelazado con antecedentes y consiguientes. As1 pttes la in– vcnciou del nuevo n1undo 110 pnedc ~~ns1~ ..erars1J .un 11':ev? causal independiente de otras ca~sas, no, m se l!ga pr111s1- palmci~te con los progresos nau t:c~:;, eon !a:; conv_ict?nes , ~e: inmortal jeuobez y ,co~l otras c!lu,as mas o me''.ºº rnflu) en tes. Tan poderoso n10LIVJ eXlJC, <.ma._n~lo no tr:\lar ex.tcn:;1~.tmentc todos los decC!lvuh-imicntos mant11nos desde la_ a11t1gueclad mas remot.1, á lo nrenos abrasar en ~n golpe de nsta sus 1n-,s notables progresos para apreciar su 111flueuc1a en el acaeci– miento que hizo cambiar de faz al umvcrso enter~- Los hon;brcs no han debidd abandonar el terreno feliz donde los hiso nacer el cre;tdof, pa_ra ¡10blar l,1~ d1.;twtits parte, del globo que hoy _habitan, . s:no por 1_ned10 de u_na marcha lenta; pero ni la historia, _111 ,a tr,1d1cc10_11 h.t1~ pod_1d J pene– tra,· lo bastante en el abismo de esos tt~mro, leJau?s p~r,\ trazar con certiciumbre el cuadro de la sociedad en s~ 1nf.,!1c1h . Sin embargv, podeino:, asegurar que la3 pnrlleras Pnugrac1ones se hicieron por tierra, pues el occano que circulaba. nuestro 1 ,lancta y los diferentes br.tZ'?_S de .!nar qne scpara_n una re– Jion de otra, ¡,arccti1t 11te1ios a propM1to par., f,c1l1Lar l:t co • municucion entre tos p1Lise• 1n~t'l dL-J:,1.nto,:;, que pma. ~ont_e • ner los pasos del liombre y e11~errar,e e·1 u·1 co·rto tcvntor 10. Asi puc;, dehieri)ll tró\11~1.:n,·dr alg•rlJi :;iglo; ¡l.,r,i 9.t1~ 1a ru,. vegacion se elevi\se desde Lt con<trucc1011 dJ u~, deb 11 c,mc,a hasta la dd bajel cap:1s da tr·in;port,r lo; _prJ.l,1cto; de 1111 pais, y d;1r un poderoso i:npulso ni comer~•o: . La historia viene á C<>llli•rob ,r est,s dedncciones mrntf~.;Lan do la imperíec"CiJll eon que llJVegcba1i losaulig110.;. De ac¡_ú!_acle– lantc son ya menos inseg11r~s los dato.; q1c. n~; sum1111str;1 1 y ;)(¡demos .ver la marchnnrnntnna aunque muy hge111111Cnte en las diversas naciones. . . En 1~ infancia de la uweg1cion era pnhgroso y dcfic1 1 1 el viajar acia los 1ni~es m11y lcj,rno,, p ,.-o '.ª actil'idad _d 7 1 comercio iuchan<lci contra estos ob,taculos, luzo ,¡,te los Eg1p cios, despucs del e,t.1blccimiento de u,u rnn a11tigu_.\ mon,,r– quia, establecieron su< tmHco, c11tr~ el ¡:o:fv artb,go y la costa occidental d~ 1'1 Ind,a, b1ea tts verJ.id, qtte nrny proa to decencJ,ieron a mira ..r cJml im_>io,; ;l _h.>; cotnJt't:ii\ntcs, y cortar toda comunicasio11 con los e.;tr:tnJeros. La posicion gcografica '.le :os fenicios, sus costumbres, sus instituciones y s11 culto mismo, h 1cie~·o11 que hs opulenta~ Sidon y 'fito cultivasen el m 1-; •t1n pl10 comel"C1~, que aspt - rasen y poseyesen el dorn'inio de los mares.. Su.; embarca– ciones frecuentarvn, todo. les puertos del Med1terraneo, ven - c1eron los limites efe la n.rve":tcion antigua y visitaro11 lus costas occidentales de E,pa~ y Afric". Establecieron colo - nias, y la- .comunic,.cio>! -de Arab_ia con el ~~11tinenle Indico por una parle, y con b co,ta oriental d; Afnc« por otra .. El ejemp!Q de· los fenici~; de;pertó el espir!tu come:c, al de los "jl>,dios" bajo los reynados de D'anicl y S~lorrron;_ )>ero las instituciones si:igulares de su legislador y· la rnse~c1b1lidad de su cariicter impidieron sus progres1011cs. Pero s1 las lec cioucs fenicícnses Jto pudieron fl,,rccer en la nacion hebrea, fueron fec11ud:,das prodigiosamente por los habitantes de aquc !la célebre hija de la prascripta Dido. F undad~ "Car•ago''. ¡,or emigrados feni"C:ios participab 111 des u, costumbres md,i,tnosas y muy pronto llegaron á ri,·:ilizar con ellos y a1111 superar• las. Seguira --o-·- . LIJ.ERO DISCURSO SO DRE LA VEJEZ POR P. ~. DE 1'1. La vejez más oéupad'l en conservar que en ad qumr tieúe menos ocasiones de ser injusta: ella esta en sus juicios, que forma el humor, rnab" bien que en su conducta donde reyna la moderacion. El viejo dcbE: sus placeres a la memoria como la juventud a la im,1ji 1'11lcion; estos placei·es no le trasportan, pero le deleitan, L as ideas eslraiías i\ sus necesidades presentes, y a los placeres de quc se li.rnnjca haber gustado ótras ,·eci:s o a las situacioneF interesantes donde se ha hallado, sé borran poco ñ poco de su memoria, ,·e lo presente sid interes y ca~i sin atencion y no deja pisadas profundas La curioiidad no mueve al viejo a instruirse de Jo qué no le toca inmediatamente; ella no es para el una pacion; el duda voluntariamente por,:¡ue no es forsado 11 obrar; pero con todo no duda, sino cuando trata ele abrazar opiniones nuebaF. El esta unido fuertemente a sus antiguas opiniones, aun que la mayor parte de sus pruebas salgan de su memoria; el si~tema de ver dad que ella contiene no es compuesto sino de resultados. Hay ciegos que go~art de las bellas artes: estos sor, los que las han conocido bien; y son mas se ncibles– al merito del arte v a sus efectos,-- Sino sienter. virn• mente su esistencia. no prncuran encontrar la vivaci-· dad de esté sentimiento/ la:s emociones vivas gastarían sus :lebi les re,ortes. Ellos amiln la vida menos que en sus bellos años.-- Su misma debilidad les sirve de contento por que saben g·uehr del reposo, y no lo interrumpen sino por placeres moderados y felices. El sentimiento de lo ridiculo es uno de los que con– servan por largo tiempo. Son muy moderados y máliciosos eo su alegria.-- Arm.n, pero siemp~e teme– rosos de no ser correspondidos. La desconfianza dé' los h ombres y ele las ::osas, que la esperiencia y s,1 debilid 1d les ha dado, hace una parte de su pru - de<lcia y de su humor. S on opu~stos a toda nove· dad, por que estan sometidos al havito, y quieren morir como han .vivida. La novedad lisonjea al joven-, alarma al. viejo: ella parece prometet a-1 uno plac1:r, y al otro peligros. L oi viejos finalmente, am\111 . el orden, la justicia, su patria, nl menos estas son las ultimas p,u:iones del hom– trn.• de bieu; pero ellos son debilcs, c,,mo todos los demas.· Los vieJos no pretenden adquirir gloria, aman su conside– rac·ion, y antes de ta hn-eneion de la im¡rcuta, se rccibia, ele ellos -por tradicion, la mzou de los hechos interesantes. Hoy el viejo que tiene mas espíritu y memoria, instruye menos qnc un buen libro. - Ellos no tienen considcracion sino para su fortuna, su5 honores, su credito, y la memona de su conducta pasada. Las pocas sensaciones c;ué· le inspiran, los sentinúcntos honestos que conservan, algu- 11,,s ocupasioncs mescladas con mucho reposo, y un peqne- 1 ffo 11umero ele placeres le lucen go,ar do su misma dccre•· · 1 pitud; qtHlquiera qtte h·, :;.1bido ,ivir, sabe envejeserse y · ¡ morit. 4 --o-- ---- ---------- ---------- LORD BYRON. Contimuwio11. Cuando en 1811 se vio forzado :\ v11!1·er á lng·laterra por el mal estado de .¡ s11s negocios, pnhl icó los dos primeros can 1 ' to:s ele! Ch ilde Harold qne escitan<lo un ¡ e nt11siasmo 11ni1·ersal nrrancaron 1111 jui,to ¡' elüjio a la misma rev ista de Edim hurg·o que 11 tan mala ar·ojida dio a s,1s primeras pro duccio11es. E n e~ta obra que no perte11ecia a ni1wuno <le los ¡·e11eros hasta e11to1 1<'es ,., . couoci ,los- y que erfl hija esclasiva del je- !!¡! 11io, se arlmiraro11 las ma:-1 bell.-:-1 , pi11to– resi:as 1(e::-cripcio11es de la r ontanti<":1 Espa– ñ a [c()mo el mismo la llama] con sus re:
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