La abeja republicana edición facsimilar
que lo entretuvo la fa11t.e.sia ena~enaóa con las mas agradahle-s iiusiones. Ef líombre devorado por los crimenes, que tiene la estúpida insolencia de yanagloriarse ele eJlos por medio de papeles. públicos, e~ capaz de cometer los mayores atenta– do.~ ; porque seguro con la impugriida.d <le sus delitos, á cad:a momento encontrará. ocasion d e ejecutar nuevos crimenes , hacier.do derramar lágrimas al ciudadarn) b enemérito y virtuoso : y es muy sent-i-4 b!e qu-e pidiendo la patria la proseripcion de ufl delincuente , se le consienta en el alto destino que exerce, --conseguido ¡Jor ]a adulacion y la bajeza , para c1ue iacie la venganza su corazon desespera– do con los mas ~rueles remordimientos: existen en Lima. muchos de estos ; y el principal de elfo> es el Fjscal de la alta Camara D. Mariano Alvares. Este hombre que putlier~ siquiera en agradecimiento á la bondad con que lo.. ~ufre la patria, ser un mero expcctador de Jo que mira en eHa, se .ha erigido en d.efensor acfr.rimo de los inicuos que comd. él conspiran contra m,sotros , qtiericndo. Yolver á vernos el juguete de ·un mons-. truo inflamado de la ambicion y despo.. tismo. En el núm. 19 del con>eo me:r– cantil tiene el atrevimiento de insertar– una nota que- pasa al ministerio d~ Es.. tado. contra Ia Abeja republicana,, y- la Cuando apunta que "es capaz de cometer los mayores aten– tados" quien exhibe sus con– vicciones por medio de la prensa, no podemos menos de recordar el fundamento teóri– co de la libertad de imprenta. Según lo expuso David Hume: "La libertad de pren– sa, aunque se abuse de ella, mal podrá provocar tumultos populares o rebeliones; y por lo que respecta a las murmu– raciones o secretos desconten– tos a que pueda dar lugar, es mejor que encuentren expre– sión en palabras, que lleguen al conocimiento del magistra– do antes de que sea demasia– do tarde, a fin de que éste ponga un remedio". Pues la imprenta es el medio para co– municar ideas, para difundir la ilustración, y se presume que mientras un individuo lee deberá dominar las violencias de la pasión. Y reconociendo que esa libertad exige toleran– cia, acotaba Voltaire: "Estoy absolutamente en desacuerdo con todo lo que usted dice y defenderé hasta la muerte su derecho a decirlo".
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