La abeja republicana edición facsimilar

~ miento á la~ órdenes del gobierno, pues que quieren que se las hagan entender por medio del rigor y del castigo. ¡ No permita el cielo vea– mos manchadas nuestras manos con la sangre de nuestros compatrio– tas! Quede esto para los tiranos de los españoles , para aquellos malditos genios hechos á saciarse con ella , y hechos á complacerse, viendo espirar á los infelices en cadalsos y patibulos. Pasaron los aciagos tiempos de la opresion, y es– tamos en los plácidos dias de la libertad ; pero si esta des– conoce el semblante sañudo de la tirania , se vera precisada á usar del furor mas encarnizado para todos los que desatiendan sobervios sus preceptas. Quando en un pue– blo se repara la desobediencia á las determinaciones de la superio-– tidad, entonces se puede decir, que esta en la mas completa anarquía: ellos no deben hacer lo que quie– ren , sino lo que les mande la ley, 1 ·sino ,~spetao á esta , obran por Parece obedecer a una máxi– ma de Maquiavelo, según la cual se hallará más seguro el príncipe si es amado y temi– do, pues sugiere que el Presi– dente se afana por "mitigar el sinsabor de las penas", y nada menos que a imagen de "una madre amante de sus hijos"; pero luego propone que se ha– ga cumplir "las órdenes del gobierno ... por medio del ri– gor y del castigo". Y, por aña– didura, recuerda que se halla "en los plácidos días de la li– bertad", pero en caso necesa– rio ejercitará el mandatario "el furor más encarnizado". En verdad, refleja la contra– dicción entre la teoría y la práctica, entre el jacobino que no puede negar sus re– cientes declamaciones liberta– rias y el vocero del gobierno que él ayudó a crear.

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