La abeja republicana edición facsimilar

San Martín instaló el Congre– so Constituyente (20-IX- 1822), y en el mismo acto hi– zo entrega de las insignias del poder. Retiróse luego a la quinta de la Magdalena; du– rante las primeras horas de la noche se dirigió al puerto de Ancón, donde se emb«rcó a bordo del bergantín Belgrano; y a las dos de la mañana del día siguiente se hizo a la vela, rumbo a Valparaíso. Había dicho que "la voz del poder soberano de la nación será siempre oída con respeto por San Martín, como ciudadano del Perú, y obedecida y hecha obedecer por él mismo, como el primer sol,dado de la liber– tad"; pero se negó a ejercer el cargo de Generalísimo de las armas del Perú, que en esa oportunidad se le otorgó, y con su ausencia evitó prestar reconocimiento a la Junta Gubernativa que lo sucedió. 50 que es un gobierno popular repre.. sentativo, á vosotros pregunto, ante una junta de la que furtivamente ge substrajo á no prestarla el de– bido juramento, y eso en el mis. mo dia de la instalacion de su Con .. greso, pero es cierto que asi lo hi.. zo fiado en el honor que como pa– dre dejó en herencia a sus hijos, y en cambio de eso quizá es que ha de• ja<lo exhaustas ]as fortunas de los grandes estados de que ha sido ar~ bilro ah5oluto en sus destinos. Congratulado su vasto corazon con. la frmcion de ver su nombre tan bie11 considerado por los enemigos de la independencia ¿porqué no tiene en menos la ingratitud de los muchos americanos á quienes ha arranca– do las viles cadenas que arrastraban? hoy partirán nuestras observaciones d~sde el tiempo precioso en que Buenos Ayres dio los primeros gri– tos de su libertad , bajo la salva• guardia de sus mas tiranos opre– sores, y patentizaremos en los nu– u,er~ succesi vos los datos y las prue•

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