La abeja republicana edición facsimilar
No sospechaba el comenta– rista que resultaría inflexible la decisión que había llevado a San Martín hasta el extremo de dar por terminada su carre- · ra. Pero en su opinión asoma el escepticismo, porque atien– de a la gravedad de las cir– cunstancias en que se produjo su retiro, y que en verdad re– clamaba su presencia. Adviértase la atinada observa– ción: el artículo publicado por LA ABEJA REPUBLICA– NA, en torno al gobierno pro– tectoral, no basta para repu– tar de ingrato al pueblo de Lima. Es sólo una opinión. Y extraña que San Martín le .diera tanto relieve. 46 acenso al tonó magestuoso del titu– lado protector: porque a Ja verdad decir que ha concluido su carrera, y habernos abandonado en la mas pe- 1 igrosas circunstancias, que nos te– nian al borde del mas hondo preci– picio, es una manifiesta escandalosa contradiccion entre sus reiteradas públicas promesas., y su inopinado y furtivo escape. Nada sobre todo, asombrará a los bom bres como la estrañeza de em– prender) lama r la atencion de los pue– bJos sobre la ingratitud de Litna, que• jandose contra el articulo de aque– lla abeja: este hecho se sobrepone demasiado á la sutileza de los cal– cu los de su conocida suspicacia: por• que Buenos Ayres desde el princi• pio de su revolucion esta harta de sa– ber a fondo los tiránicosdesigniosdel fundador de la gran logia, y no pue– de de ningun modo dudar del juicio de nuestras aserciones. Buenos Ay– res que por esa fundacion mi– ro repetidas veces teñidas sus ma• nos en la sangre inocente de sus
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