La abeja republicana edición facsimilar

t72 ·mas inoc~nt~f, é inclefensn~ ; tal e~ el exemplo que nos presentan lo~ caudillo~ clel ~xercito ene1uigo, r¡ue no h1tn omitido los medio~ <te in .. molar en hh aras del altar «Je sus delitos, a iunmoera.hles victima,i que hao ayudadoá la salvacion de la Pafria, ~in que les haya servi– do de obshtculo ni ~1 cttracter s.a.– cerdotal, ni la iuviolabilidad de ltts virgeues, ni la sencillez de los ni– nos &c. Mas el ci~lo que no pne ... de sufrir por mnchn fü~mpo a los malvados. cli~pnso que el g~twral Valdcz recibie~t> t.re ~ herida~ en To– rata y qne á lofi; c inco tlitts parot&• se al Ingar <¡ut-· te tenia destimuJo la sahidurin inmensa. E~ts por ~us impPnetrable~ arcanos aun con- 5erva á Canterac, Lm;erna y otro•; pero es de ~sperarse que si no se arrepienten pronto r ecibia-au el pre– mio de su~ delif.os. Ha sid o tan tre mendo pdta los enemigos e6le golµe, que procu– ran ocultar este gran acontecimien– to_. para cuyo efecto el insurgen-- Sugiere que el general español Jerónimo Valdés había muer– to, cinco días después de la batalla de Torata, a conse– cuencia de tres heridas. Tal versión no era exacta, pues, según informa García Camba: "Valdés cayó debajo de uno de dos caballos que le mata– ron en poco tiempo, y recibió una peligrosa contusión en una cadera". Dos días más tarde tuvo parte destacada en la batalla de Moquegua; luego libró campaña contra el disi– dente general Pedro Antonio Olañeta; y aun participó en la batalla de Ayacucho. De mo– do que tampoco es exacto el aserto referente al bando del general José Canterac, men– cionado en seguida.

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