La abeja republicana edición facsimilar
259 es menester revestirse de aquella hu mildad y paciencia que nos encar– g·a el evangelio para ag-uantarlas: ellas no perdonan á nadie; tiran y rajan bien; murmuran a los pobres republicanos que es un gusto; tie– nen tam bien sus seña les secretas como los fracmasones para cono– cerse, y otras muchas cosas que V. no ignorará. Debemos pues to– mar algunas medidas para que no propague esta casta maldita, y evi– tar en adelante la procreacion go– dina, porque de lo contrario somos perdidos. Y siendo muy nece sario castigar a estas godas in– decentes, me parece muy justo que vayan á enterrar muertos; no hay <>tro remedio: panteon con ellas. REMITIDO. Ahora es el tiempo en que se descubran los verdaderos patriotas, y que manifiesten ese patriotismo que tienen cuando se ven seguros de los enemigos. Se dice que los godos se aproximan a la capital, y ya estoy viendo a muchos señoro·
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