La abeja republicana edición facsimilar
231 mentos de nuestro exterminio, y renovar los horrorosos atentados de los Pizarros en la desgraciada pa– tria de los Incas. Si en el momento mismo que juramos la independencia, hubie– semos segregado a los enemigos de ella, tal vez la paz y tranquilidad morarian en nuestros pechos, y no temeriamos ser oprimidos de nue– vo por la atrevida mano de un ti– rano. Pero la angustia se apodera de mi espiritu, cuando contem– plo la prolongacion de una cala• mi tosa guerra; la contrariedad de pareceres y opiniones sobre el sis– tema de la patria; las ribalidades sang-rientas y encarnizados odios que nos profesan aquellos que se jactan de .ser nuestros compatrio– tas; y todo esto no por otra cau• sa que por aquella piedad mal en- tendida que ha obrado a favor de l unos hombres que tiempo ha d~– bieran estar sepultarlos en el olv1• do, habiendo americanos perver- sos que se han declarado sus pro•
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