La abeja republicana edición facsimilar

122 cantado patriotismo, sino la codicia y ambic1on dirigían sus pisadas: y es un delirio pensar tener conten• tos a subditos cuando se les gobier– na con la fuerza y el rigor; y si el anhelo de las naciones subyugadas bajo el yug·o antiguo., no era tan– to por destrozar Jas cadenas que las oprimian., cuanto para que li– bres de todo despotismo vivir su– jetas á leyes 5abias y justas, y sos– tenidas por el benigno y dulce tra– to de un gobernante virtuoso, ¿Co– mo se presume conservar el edifi– cio de nuestra naciente libertad, si desde sus principios destruimos sus débiles cimientos? Ya veriamos a la Patria en un estado floreciente, y quiza extinguidos todos los ene– mig·os de la causa., si se hubieran elegido para el gobierno de los pueblos solo á hombres de decidi– do patriotismo y acrisolada conduc– ta, que en lugar de amortiguar la opinion con su despotico manejo, la reanimasen y la hiciesen durar eternamente con su irreprensible Según se sugiere, muchas gen– tes consideraron que la inde– pendencia ocasionaría un cambio más o menos automá– tico en las circunstancias ge– nerales de la vida; pero al yu– go del dominio colonial siguió el despliegue de fuerza que exigía la guerra, a las exaccio– nes tributarias impuestas por España siguieron las contribu– ciones forzosas requeridas para sostener las necesidades del nuevo gobierno, y creye– ron que el cambio no se había producido. La falta de educa– ción política les impedía ver las diferencias de calidad en– tre uno y otro regímenes, y las perspectivas que insinuaba el respeto a la opinión po– pular.

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