La abeja republicana edición facsimilar

9 danos a la plaza p~blica , ó al campo ele marte a decidir su suerte: no es ya tiempo de queGraco muera. en presencia del mi~mo pueblo, que jn~ta, pero imprudentemente quiso protPger. La política moderna ha descubierto el gran secreto de que las leyes sean la voluntad del pue– blo, sin exponerlo á los horrores de Ja anarquía. Los representantes siempre qne se expresan libremente, expresan las necesidades y los de– rechos de los pueblos: si alguna vez chocan con Jos intereses parti-– culares, su honor, su gloria y su utilidad individual estas grandes palancas del cora.zon humano les hacen procurar y sostener la felici– dad de sus comitentes. Los ojos del mas hábil y mas humano de los poHticos apenas dis• ti nguen en lo q ne consiste la feli– cidad general : los vapores de la lisonja, y la saciedad de los placeres ciegan enteramente los de un rev. ¿ Como vera los males de sus \'fü,i .. ~allos di~tante~ '? ¿ Cómo pesará el En las repúblicas antiguas, la institución básica era la "asamblea del pueblo". En verdad, la asamblea de los ciudadanos cuya libertad no es tuviese recortada ni aun por la subordinación a la pa– tria potestad, y cuyo tiempo no estuviese enajenado por la dependencia económica. Pero se trataba de ciudades-estado o de metrópolis que no reco– nocían derechos a las pobla– ciones conquistadas. Y en las sociedades modernas sería absolutamente imposible tal institución política, debido al crecimiento geográfico de los estados y la igualdad de derechos reconocida a todos sus ciudadanos: de manera que el gobierno represen– tativo fue "el gran secreto" que en las democracias per– mitió el ejercicio de la sobe– ranía popular.

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