La abeja republicana edición facsimilar

176 los bosques sombríos donde adora.. han sus deidades, arrastrando las cadenas de su tris1e servidumbre. Dormidos nosotros en el regazo del temor, snfriamos el dominio de un bárvaro que creyendose s11perior á sus semejantes, mandaba con des– pótico poder al misrno hombre á quien con atrevido cetro le arran– có de sus sienes la cornna que con maternas manos le puso la natu– raleza en señal de su soberania . Pe– ro ya somos llbres; hemos jurarlo nuestra independencia; y debemos sostenerla a la faz <lel uni \'er:-;o, pues dice Brnto: que perder la libertad es de bestias, dejar que nos la qui– ten de covardes. ;, Y avista de los males que uos e~pernn peruanos, viviremos in– diferent,·s para que triunfando los contrarios miren sati:~fed1os sus ti– ranicos de~ig·nio:-,? unamouos en eter– nos vinculo-,, ya que la suerte nos hizo iudependientes y manifestemos al mundo entero supimos conservar nuestros derechos : evitémos pues En su famoso alegato sobre las causas de la revolución americana, decía José de la Riva Agüero: que los españo– les establecidos en América quisieron que sus hijos ''fue– sen inferiores a los demás hi– jos nacidos en la misma Espa– ña, y dieron en la extravagan– te manía de clasificarlos con el odioso y denigrativo epíte– to de criollos"; y "que los es– pañoles europeos los miraban con desprecio, y no dejaban pasar la ocasión de abatirlos".

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx