La abeja republicana edición facsimilar
172 y atacan con la fuerza a los que combaten su libertad. Este desP-o natural de su conservacion los hi– zo estar unidos, y este mismo de– be estimularnos en un tiempo en que hemos entrado en la infancia de nuestra ~ociedad civil, para no dejarnos abatir de un déspota que anhela nuestra perdicion y es cla– vitud. El tirano no debe ex ist. ir sobre la tierra; y tiemble el estú– pido realista, y desnaturalizado americano que miran con placer aproximarse la ruina de la patria: y en el silencio de las t.umhas per– turben su reposo los clamores de los oprimidos pueblos,· y sigales igual suerte á todos los que corno eHos nos quieren persuadir que co– metemos un crimen, cuando con las armas en la manos buscamos el ex– terminio del tit·ano. Nacimos li– bres, y debemos destruir á todo el q~e pretenda. subyugarnos: los ene– migos españoles unos en el campo de batalla, y otros dentro de la mis– ma capital, se esfuerzan para conse- Recuérdese las palabras de Juan Pablo Viscardo: "Por pocos esfuerzos que hagamos, la sabia libertad, don precioso del cielo, acompañada de to– das las virtudes y seguida de la prosperidad, comenzará su reinado en el Nttevo Mundo, y la tiranía será inmediata– mente exterminada". Y las de San Martín, en oficio dirigido al Cabildo de Lima (15-VII- 1821): "El mundo entero ha– rá justicia a los pueblos del Perú por sus luces y amor pa– triótico, como también por su cor¡stante aversión a la tira– nía". La independencia nacio– nal y la libertad civil eran in– compatibles con cualquier asomo de tiranía.
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