La abeja republicana edición facsimilar
La visión de aquel hombre te– meroso e inerme que habitaba los bosques, es de Aristóteles. Supone que hubo entonces un hombre que atrajo a los otros hacia un espacio despe– jado, les expuso la convenien– cia de unirse para atender a la satisfacción de sus necesida– des y su mutua defensa, y for– mó una sociedad. Quiere ello decir que, aun en sus comien– zos, la sociedad habría sido una obra de la razón. · 171 donan la temeraria empresa los que querian suhyu~;arlos. De e~ta suer– te los ~jércitos mas formidables tíemblan a la vista de un pueblo unido, y dP-sisten acova rdado8 de sus criminales y tiranicos proyec– tos. Sig·amos tan generoso ejem– plo, olvidando las antiguas disen– ciones, para que procuremos al Pe– rú una suerte feliz, saliendo de la sitnacion calamitosa en que lo de• jaron los tiranos. Cuando solitario el hombre va– gaba triste por los bosques y en– marañadas sel rns, era a cada ins– tante perseguido por mil enemigos feroces_, hasta q ne deseoso de con– serva1· su inapreciable existencia, cede al impulso de la naturaleza, y se une en sociedad; estando firme– mente pet·suadido que su feliz ch~s– tino esta ligado a los individuos que l~ cornponeu, ~ que en la ~ep~tra– c10n de estos viene por cons1g'Ulen– te su propia destruccion: quisieron conservai· sus derechos de los opre• sores que intentaban usurparselos,
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