La abeja republicana edición facsimilar

biéndose encargado últimamente de ella el es– pañol Masías, que al fin no puede prescindir de su carácter, tuvo la imprudencia de devol– ver con desprecio los originales que había reci– bido de D. Mariano Tramarria; por este moti– vo no salió el sábado como correspondía, y nos vemos en la precisión de hacer presente esto al público, para que no atribuya a desidia y negligencia nuestra, lo que ha procedido por la indiferencia o por la malicia de otro. En consecuencia, el inquieto editor hubo de limitar– se a los servicios de Guillermo del Río; y ya no los abandonó sino en las postrimerías de su empresa. Sólo desde el número 5 del Tomo 111, correspondiente al 24 de mayo de 18 2 3, recurrió a la imprenta que el año 1748 había sido establecida en la casa de los niños ex– pósitos; que hacía un año administraba Andrés Negrón -uno de los colaboradores eventuales de LA ABEJA REPUBLICANA y probablemente hermano de Santiago Negrón, quien fungía a la sazón como "uno de los editores"-; y que tal vez no fue utilizada hasta enton– ces por haber sido parcialmente despojada de sus pren– sas, para dotar con ellas a los ejércitos patriotas. En lo atañedero al compromiso comercial que el editor contrajo con el público, estuvo ceñido a las con– diciones siguientes: el periódico aparecería en 80., los días jueves y domingos de cada semana, y cada uno de sus números constaría de medio pliego -o sea, de ocho páginas-; y admitiría suscripciones por los números correspondientes a cada cuatrimestre, cuyo valor total se fijó en tres pesos. Pero al cumplirse el primer cuatri– mestre fueron alteradas las condiciones editoriales, para facilitar las tareas de la administración -principalmente en lo tocante al reparto domiciliario-. y se anunció que sólo aparecería "los domingos de cada semana, en un pliego entero". De modo que el cambio no afectó a los alcances mercantiles de la suscripción. Y apelando a XXXVII /

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