La abeja republicana edición facsimilar
23 tos de la alma, que no pueden ex– presarse con otro idioma, ni otro raciocinio. Graduar la mia con el grosero epitecto que le ha hecho el Imparcial, es el verdadero cri• men <fü,il que el me demanda. De– cir que 110 se hace una cosa que se debe, no es desacreditar á la au– toridad suprema, cuyos alcances son superiores a 1-0s que debían espe– rarse en un Estado naciente , tira– nizado por tres siglos , y al que es– taba prohibido hasta el arte de pen– sar. El So~rano Congreso ha san– cionado leyes sabias, que, no so– lo harán honor á In nacion perua– na, sino á todo el nuevo mundo: pero aun le restan muchas otras; porque no ~s posible hacerlo todo en solo un dia. Por esta razon, ne– cecita que le instruya el ciudada– no de lo que tiene y hecha me– nos , y de lo que se halla en con– tradicion con los intereces genera– les; y la libertad cle imprenta, es el verdadero microscopio por don– de deben verse todos los objetos de la ley.
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