La abeja republicana edición facsimilar

Pando de los ataques que le hacían otros periódicos"; y también es posible que esa fuera su última incursión en las lides de la prensa, porque ya era requerido por otras tareas menos azarosas. Consagróse al trabajo fo– rense; como director de conferencias, integró en 1840 la junta directiva del Colegio de Abogados; y posterior– mente desempeñó judicaturas en Yauyos (1848) y Cañete (1850). La aventura editorial A la flamante imprenta del español José Masías re– currió el eufórico Mariano Tramarria, para lanzar al pú– blico el "prospecto" de LA ABEJA REPUBLICANA; pero alguna incompatibilidad debió asomar entre ambos, pues la impresión del primer número fue solici– tada al flamenco Guillermo del Río, cuyos trabajos se habían iniciado en 1798. Allí apareció hasta el número 23, correspondiente al 20 de octubre de 1822; y algu– nas alteraciones experimentó entonces la actividad mer– cantil del impresor, pues desde el número 14 hasta el 21, inclusive, su taller es presentado en el colofón co– mo "imprenta de Río y Compañía". En aquellos días, el Congreso Constituyente le encargó publicaciones a las cuales debió asignarse alguna urgencia, y es posible que tal motivo le impidiera atender a la puntual apari– ción del periódico. Lo evidente es que su editor hubo de apelar nuevamente a la imprenta de José Masías, y que en ella apareció LA ABEJA REPUBLICANA desde el número 24, fechado el 24 de octubre de 1822. Quizá pueda suponerse que este impresor no se mos– traba muy diligente en el cumplimiento de su compro– miso con Mariano Tramarria, y que inclusive debió ex– presar desacuerdo con la orientación y el tono general de su campaña. Así se infiere por la breve suspensión que sufriera el periódico, después de aparecer el No. 6 del Tomo 11, correspondiente al 18 de enero de 1823, pues la siguiente edición salió sólo el lo. de febrero y XXXV

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