La abeja republicana edición facsimilar
:101 beldes: la única rebeldía es la de Jos tirano~. Los gobernadores cioiles. El rey está por nosotros y él os mauda que obedezcais. La Plebe. Los reyes son insepara– ble:; de sus naciones. El de la nues– tra no puede estar por vosotros. solo poseis un simulacro suyo. Acudiendo entónces los gober– na<lores militares dixeron: la ple– be es we<lrosa, pues amenacé– mosla, que solo á la fuerza se rin– de. Solrlados , casti![ad esta insolen- te muchedumbre. ...., La Plebe. Soldados : nuestra sangre corre por vuestras venas: ¿que– reis dal' muerte á vuestros her– manos? Si perece la plebe ¿quien ha de mantener el ejército? Y abandonando las armas res– pondieron los soldados á sus cau– dillos: tamhien nosotros somos plebe : somos sus hermanos y no sus ver<l ugos. Dijeron cntónces los goberna– dores f:\clcsiásticos: Un efugio 110s q11eda : la plebe es eupersticioBa: ~) A las teorías se asocian las cir– cunstancias del momento his– tórico. Por ejemplo: el rey en– carna a la nación; pero las au– toridades realistas no pueden invocar el nombre del rey porque lo han desconocido al sublevarse contra Pezuela y ungir a La Serna, y éste no puede presentarse como re– presentante del rey. En conse– cuencia, las autoridades ape– lan a la violencia de las armas para someter al pueblo; el pueblo advierte a los soldados que no deben convertirse en verdugos de quienes son sus hermanos, y provoca las de– serciones que ralean las filas realistas; las mismas autorida– des apelan luego al auxilio de los ministros de la iglesia, y el pueblo reclama la paz cristia– na, la igualdad que nivela a los hijos de Dios, para censu– rar después la obsecuencia cortesana de esos equivoca– dos.
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