La abeja republicana edición facsimilar
Desde que fuera cometido el pecado original, sólo convie– nen "todos" los hombres en aceptar un régimen de gobier– no que respete su libertad na– tural: porque ésta los lleva a buscar su inocencia perdida. Pero la falta de este bien espi– ritual coloca al hombre bajo el influjo de las pasiones; y en particular lo somete a la fuer– za seductora de la imagina– ción y la ambición, que con– ducen al pecado y oscurecen la paz social. En verdad, no hace falta escrutar con mayor profundidad, para identificar al autor como un sacerdote que adoctrina a un "hijo" a fin de conducirlo por la vía de la moral; y para deducir que sus conceptos sociales son simples recursos do– centes. e onstumbres , y casi vienen a for– mar una misma familia ; mas como nunca Jlegan á tener entre los que la componen iguales inclinaciones, de aquí es que no á todos es con– forme un mismo rejimen de gobier– no, pero si es evidente que se a– comodan muy bien con la libertad natural. Desde que los hombres per– dieron el estado de illocencia p0r haber quebrantado el primer pre– cepto divino, vagan sobre la tier– ra averiguando inutilme11tc el mé– todo de encontrar la apruximacion de aquel bien perdido , que aun no han hallado á causa de la par– te activa que toman los pasiones: estas son exáltactns por rnzon al pávulo que les dá mas, deleitando– nos en los proyectos q uc nos for– ja la acalorada imRginacion , y la primera que nos asalta es la de la ambicion, la abrigamos con amor en nuestros pechos. y esta astuta derrama indolente por nuestras ve– nas su mortal veneno,. con el que esperimentamos todas las ajitacio– nes que amargan los dias de la vi– da.
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