La abeja republicana edición facsimilar
257 ha d~ ver -co11 verdadero interes la felicidad del suelo q ae le vió nacer, y en caso que no tenga estos sen– timientos, sabrá que los mismos que lo elevaron, lo harán desender co– mo destructor de sus hernianos. Es. constante que todas las le– yes aun en los Gobiernos despóti– cos están llenas de principios libe– rale s, y la ejecu~ion de estas no son ot.rn cosa que el antojo de los mandatarios. ¡ Cuan facil es mani– festar por m_e.dio de puras teorías la libertad á los pueblos , y cuan dificil es la practica de estos sa– nos. principios! No .amigo; yo no puedo por tni parte suj-etarme á otras leyes que no caminen con l a Iibe rtod na~ tural del hombre , y mi~ntras no vea establecida baxo esta fo rma de gobierno la felici dad <l e mi patria, no volveré á incorporarme entre mis conciudadanos , á los que mi– raré srempre con aqnella compa-– sion que merecen á aquellos que por bus-car su tr:tnquilidad, cami– nar por la-senda de su destruccion. Otro error: espera que las le– yes "caminen con la libertad natural del hombre". No si– gue ni aun el concepto de Montesquieu, para quien "las leyes son las relaciones nece– sarias que se derivan de la na– turaleza de las cosas". Las le– yes deben adecuarse a las cir– cunstancias, y por ser éstas di– námicas y cambiantes se infie– re que las leyes son prospecti– vas y dinámicas. En cambio, la libertad natural es un he– cho definitivo y estático, y que por su misma esencia es independiente de las leyes ci– viles.
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