La abeja republicana edición facsimilar

194 tas ; empero, no por esto ha deja. do <leser aborrecible el nombre del tirano, de considerarse la locura co– mo la muerte de la razon, y de te– nerse la gota por la mas terrible de ]as enfermedades. Igual suerte cor– rerá el postillon, loando á Montea– gudo. l\1ientras mas se esmere con su tono lastimero y de plegaria en llamar revolucion á la reglada, le– gal y justísima separacion del pros– cripto Monteagudo del ministerio, léjo, de comprometer a los limeños, hace a rabia y despecho suyo una circunstanciada reseña de pandilla, misantropia é intento lle sumision turquesca á algun sultan. A no ser así , lcómo es creible que llamase puebl~da á un suceso necesario, ó metodico, justo y dig– no de la benignísima índole de los limeños ? ¡Ah! si tal hubiese sido, no hahda escapado tan felizmente del fundado encono del pueblo. Hubie– ra vomitado su maldita alma por !ai bocas que el puñal de los libres

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