existir», como la toxicomanía o el padecimiento de enfermedades como la tuberculosis. Adviértase que una enfermedad les colocaba en un pie de igualdad con el vicio: Los representantes que suscriben el dictamen en referencia plantean la necesidad de que sus compañeros aprueben totalmente sus opiniones en contra de la penetración libre de chinos a nuestro territorio. La inmigración china —dicen sin preámbulos— no ha traído a nuestro territorio ninguna ventaja, si como balseros los chinos han prestado alguna utilidad, en cambio enseñaron gran número de vicios de los peores que pueden existir. La toxicomanía es alentada por individuos de aquella raza, que vienen explotando el vicio de muchos degenerados, cuya triste condición ellos han producido y fomentado. La raza y la nacionalidad indudablemente desmejoraron al cruzarse con individuos de esa especie, en su mayor parte tuberculosos y raquíticos, cuando no agentes de otras enfermedades sociales cuya descendencia aniquilada, por esos males inundan nuestro territorio con los vicios y las dolencias heredadas de sus progenitores. No nos interesa detenernos a investigar si la raza amarilla tiene buenas cualidades, lo que sí está fuera de duda es que, los chinos que han venido al Perú, no nos han traído ninguna virtud, y antes bien positivos males bajo el punto de vista social, moral e higiénico (El Faro, 14 de abril de 1923). Con toda razón, el denunciante Ricardo Wong consideraba que El Faro «deprimía en forma temeraria, injusta y calumniosa, no solo a la colonia china residente en el Perú, sino a toda la nacionalidad, atribuyéndoles vicios y faltas que no tienen y calificando a todos los chinos de verdaderos criminales y corruptores del pueblo» (AHM, Concejo Provincial, jurado de imprenta, 1918-1923, denuncia dirigida al alcalde de Lima el 20 de abril de 1923). Sin temor, se identificaba el denunciante como comerciante y, no solo eso: indicaba también con valentía que su domicilio era la casa 900 de la calle Royal: En uso de la facultad que me concede el artículo 32 de la ley de 12 de noviembre de 1823, recurro a Ud. como en efecto lo hago, denunciando los impresos que acompañó, y en los que se deprime en forma temeraria, injusta y calumniosa, no solo a la colonia china residente en el Perú, sino a toda la nacionalidad, atribuyéndose vicios y faltas que no tienen y calificando a todos los chinos de verdaderos criminales y corruptores del pueblo. Los impresos acompañados son dos ejemplares de una hoja periódica que se está editando en Lima desde hace varios días y que, sarcásticamente, han denominado El Faro sus audaces redactores. Como se ve pues, no puede ser más insidiosa la especie de que se valen los actores de ese líbelo para dañar a la colonia china, recurriendo por supuesto a medios vedados como en efecto lo son la falsedad y la calumnia. Por 223
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