«Notas japonesas», se relataba historias personales que buscaban alarmar a la opinión pública. Así, un señor Alvarado Bolo, por ejemplo, narra un supuesto diálogo en una pulpería del jirón Lima 344, entre un cliente austríaco y un despachero nipón de nombre Morza. El cliente pide una cajetilla de cigarros estanco y al pagar le da al dueño del negocio un billete de cincuenta centavos: El buen descendiente del país del sol naciente, miró con ironía al comprador, replicándole con voz fuerte, al cliente, que no recibía ese billete. Desde luego, se formó un diálogo entre el comprador y despachero, es decir entre el austriaco y japonés, a vista y paciencia de cuatro hijos del país, que para el japonés estos últimos no valen nada. Austriaco —¿Por qué no recibes este billete?, ¿no ves que es moneda nacional, peruana, garantía, y está todavía en vigencia. Japonés —Porque no quiero y estoy en mi negocio, que soy dueño y nadie puede obligarme a recibir lo que yo no quiero. Austríaco —Si no se trata de eso, sino que tú estás en el Perú y esta moneda es del Perú y debes respetar el valor de ella; si estuvieras en el Japón, ya sería otra cosa, allí serías dueño de recibirla o no. Japonés —Poco me importa su valor, yo soy japonés dueño de este negocio y otro más y en mi casa nadie me obliga a que acepte lo que no se me antoja. Austriaco —Oye, hombre, ustedes hacen lo que no cometen otros extranjeros, que respetan y acatan los mandatos de las leyes establecidas en el país. Conozco paisanos tuyos, por ejemplo en Chile y Argentina que son respetuosos a los dictámenes de esos países. Japonés —Sea lo que sea, yo estoy en el Perú y no en Argentina ni Chile, aquí nosotros tenemos protección de nuestro Gobierno y para eso tenemos plata y el ministro, nos favorece cuando se nos quiere obligar algo que no nos gusta. Austriaco —(poniendo el billete en el mostrador) Escucha, japonés, recibes el billete o llamo a la policía para que te obligue a que lo recibas. Japonés —(Riéndose burlonamente, y arrojando el billete) A nosotros nada nos hace la policía, porque nuestro representante acusaría a la policía. En esto sale un segundo japonés, que en vista de lo que sucede, interviene, impuesto de lo que se trata, aprueba la actitud de su paisano, agregando además que entre poco tiempo, su gobierno aumentaría más el capital para comprar todos los negocios del Perú, y entonces los japoneses serán los que mandarán en el comercio peruano. A tan insólita declaración de nipón, uno de los nacionales presentes toma parte en tan bochornoso sainete, preguntando al japonés. —Dime tú ¿de dónde eres? 221
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx