CAPÍTULO 1 LA IMPRENTA Y LA CENSURA «Los quiero libres y sin restricciones de ninguna especie, porque sentiría mucho que, si naciera un nuevo Galileo, viniera a censurar sus escritos un fraile dominico». François-René de Chateaubriand «Si un libro fuera peligroso se le debe refutar. Quemar un libro es reconocer que se carece de razones para responderle». Voltaire, Idées républicaines «La libertad de imprenta debe tener por divisa un pueblo con el lema de: “El que con esto se frota, con esto se pica”». La Prensa Libre. Diario político y literario «El amordazamiento de la prensa aparece como precursora de todos nuestros grandes cataclismos». Francisco García Irigoyen «Allí donde existe verdadera libertad de imprenta, la tiranía no puede ejercer su dominio». Federico Ricketts 1. LA CENSURA ECLESIÁSTICA Y LAICA Hacia 1450, irrumpía la imprenta, ese gran invento renacentista de Johannes Gutenberg, que haría posible reproducir mecánicamente los impresos, merced a la aplicación de tinta sobre unas piezas metálicas o «tipos móviles» que transferían textos e imágenes por presión sobre el papel y que propiciaría, desde Maguncia a toda Europa y al Nuevo Mundo, próximo a descubrirse, una rápida circulación de ideas y de conocimiento (Smiles, 1997). Se trataría de una verdadera revolución en el plano 22
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