Justicia profana. El jurado de imprenta en el Perú

que te apostrofe y te levante a lo alto como el mejor adorno de una torre! Quiero ver al tribuno y al obrero, al periodista y al greñoso vate rugir cada uno ensangrentado y fiero después de la borrasca del combate… Quiero avivar la rabia que fermenta allá en los antros del hogar del pobre, que es tiempo ya de que te pida cuenta y con tu muerte sus ofensas cobre! Basta de engaños y de ofensas basta, que al fin la chispa reventó y se expande! Depón tu furia y tu ambición aplasta que aún hay grandeza en despreciar lo grande… Que no puedes cejar? No, yo tampoco! Allá veremos si lidiando recio, triunfa a la postre la verdad de un loco o canta gloria la maldad de un necio! León Cobos (López Albújar, 1893). Relata el abogado de la defensa, Manuel Aurelio Fuentes, en un alegato que constituye un valioso documento histórico jurídico, que una vez que el primer juzgado declaró haber lugar a la formación de causa, en coordinación con la iniciativa del agente fiscal, fue remitido al juzgado del crimen, a cargo del profesor de derecho penal José Viterbo Arias, que presidió también el jurado compuesto por Pedro Labarthe (que lo dirigía), Javier Prado, Domingo Castro, José Benigno Ugarte, Hilario Vera Tudela, Isidro Burga Iglesias y Luis T. Conroy (que fungía de secretario) (López Albújar, 1963, p. 74). Pasado el mediodía del 26 de marzo de 1893, se reunió, en la sala de sesiones del Concejo Provincial de Lima, el gran jurado que debía fallar en la denuncia formulada por el agente fiscal Amat y León (El Comercio, 26 de junio de 1893). Declarada abierta la audiencia, esta no fue corta. Según narra el propio López Albújar, su defensor «visiblemente poseído por la solemnidad del acto, se desbordó con un magnífico discurso» (López Albújar, 1963, p. 74). Debió haber asistido mucha gente, pues se destaca que: «La barra era tan numerosa que no podía contener el local una sola persona más. Se hallaba 167

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