Los miembros del jurado no acogieron la denuncia del obispo ni del débil fiscal, Oswaldo Ingunza, que sacrificó la autonomía del Ministerio Público y su propia independencia como magistrado. Así se colige el rotundo acuerdo de lo más favorable para la libertad de expresión, como era natural en estos casos. El veredicto no va acompañado de ninguna motivación. Queda claro, sin embargo, que el poema denunciado no se consideró una amenaza para la religión católica: Lima, a los 11 del mes de agosto de 1888, reunido el jurado a las once de la mañana, para conceder la denuncia presentada por el sr. agente fiscal, Oswaldo Ingunza de una composición practica publicada en la Revista Social del 19 de mayo del presente año que lleva por epígrafe Un héroe más, y que se halla inserto en el N° 141 de dicha semana, declara: No ha lugar a formación de causa (AHM, Concejo Provincial de Lima, jurado de imprenta, legajo 1, 1859-1870, sorteo y declaración del jurado). Unos años más tarde, en Ecuador, triunfó la Revolución Liberal dirigida por Eloy Alfaro sobre los conservadores que habían dado muerte al coronel Luis Vargas Torres. Podría decirse que uno de los párrafos del poema denunciado se materializaba: La libertad, la igualdad triunfar doquiera hemos visto desde que a los hombres Cristo legó la Fraternidad La moderna sociedad abre ignorados caminos y se cumplen los destinos de la augusta Democracia. El veredicto del jurado limeño era también un anticipo de esa victoria. 22. UN FALSO PLEBISCITO AREQUIPEÑO Un dicho muy extendido en el Perú del Ochocientos sostenía que Arequipa era «una pistola que apuntaba al corazón de Lima». En el siglo XX, si bien emergió allí el movimiento que acabó con el Oncenio de Leguía y puso en aprietos a la dictadura de Odría, la belicosidad de esa región amainó en la misma proporción que Lima se tornaba más confiada. El número 307 del diario El Sol, del 5 de marzo de 1889, traía una noticia alarmante: Arequipa se oponía a la suscripción por el Perú del contrato Grace mediante el cual se entregaban los ferrocarriles, entre otras concesiones, por un período de 66 años. Precisamente, un diputado arequipeño y escritor de polendas, José María Químper (1886), desde el Congreso boicoteó la suscripción del contrato y escribió un combativo folleto en el 146
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