19. LA HISTORIA NO ES JUSTICIABLE: EL TRADICIONISTA Y LOS HÉROES DE BARRO OCTUBRE A fines de octubre de 1877, Ricardo Palma —entonces ya un escritor de prestigio internacional—, captó la atención de la opinión pública con revelaciones históricas sorprendentes. Se trataba del artículo «Monteagudo y Sánchez Carrión» que aparecía en la prestigiosa colección dirigida por el coronel Manuel de Odriozola (1877, pp. 395-414)41. El tradicionista narra la extraña muerte de Bernardo de Monteagudo, el ideólogo tucumano, brazo derecho del general José de San Martín en la campaña libertadora y después colaborador de Bolívar, defensor teórico de la implantación de la monarquía moderada para el Perú. También se ocupa de otra muerte misteriosa: la de José Faustino Sánchez Carrión, partidario acérrimo del republicanismo federativo, que se atribuía a Bolívar en venganza por el asesinato de Monteagudo. Monteagudo fue apuñalado la noche del 28 de enero de 1825 y se sindicó como posible autor del hecho a Candelario Espinoza, afroperuano, de diecinueve años de edad, exsoldado de caballería en el ejército patriota (De Odriozola, 1877, p. 409). Se detuvo también a Ramón Moreira, limeño como Espinoza, esclavo de veintidós años, quien sostuvo que su compañero lo había convencido para robar en la calle Trinidad. Allí encontraron a un caballero elegantemente vestido a quien intentaron robarle el reloj. Espinoza se abalanzó contra él cuchillo en mano y, según Palma, le dijo mientras lo apuñalaba: «Zambo Monteagudo, de ésta no te desquitas» (De Odriozola, 1877, p. 409). «Sólo por la voz pública había llegado a saber que el asesinado era el coronel Monteagudo», alegó el delincuente. Aseguraba Espinoza que nadie le había instigado ni ofrecido premio por la acción (De Odriozola, 1877, pp. 409-410). En la fuga, el criminal le dejó le cuchillo clavado en el cuerpo, detalle que facilitaría la identificación del autor material. Palma relata que extraoficialmente, puesto que no constituía una diligencia judicial, tres días después del crimen (el 31 de enero de 1825), Espinoza, por orden del Libertador, fue llevado con esposas y grillos ante su presencia. Bolívar se encerró a solas con el reo y, después de empeñarle palabra de que le salvaría la vida, el acusado le reveló la identidad del autor intelectual que ordenó el asesinato del ideólogo argentino (De Odriozola, 1877, p. 410). Según Palma, el Libertador se encontraba acompañado de sus 136
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