Juan de Betanzos y el Tahuantinsuyo

yndias, como obejas y ropa y todo lo demás que pudieron aver, en la qual buelta el Diego Méndez adoleçió y bolvió doliente. Y como llegaron do Mango Ynga estava y llevasen aquella pressa, el Ynga mandó que todo lo que ansí trayan de aquel salto que avían hecho, que lo pusiesen en la plaça y mandó a los cristianos que escoj[i]esen lo que de allí les paresçiese bien y ansí lo hizieron, y lo demás que restó mandó que lo guardasen en las casas que para ello tenían señaladas; y mandó curar al Diego Méndez y a los demás españoles mandó que les hiziesen todo serviçio y ansí se hazía siempre con mucho cuidado. Y después que Diego Méndez conbal[e]çió, diole Mango Ynga dos moças donzellas de su naçión pallas y holgávase el Mango Ynga con el Diego Méndez y los demás y ellos con él y jugavan al herrón y a los juegos que a ellos les paresçía. Y estando en esto llegó del Cuzco allí a ellos un mestizo, el qual vino en son de que venía huyendo de los cristianos del Cuzco a servir a Mango Ynga y traya una carta [f. 149] de no sé quién del Cuzco y diola secretamente a Diego Méndez, por la qual carta le enbiavan a dezir lo que bien le estuvo a quien se la enbiava. Y el Ynga, como viese el mestiso venir desharrapado, mandole dar de vestir de terçiopelo y dalle todo lo que ansí uviese menester y mandole que se estuviese en compañía de Diego Méndez. Y como el mestizo se viesse a solas con el Diego Méndez, díjole de palabra lo que pasava; y el Diego Méndez en aquella sazón tenía una negra, la qual negra avía oydo todo lo que el mestizo dezía a su amo y biole la carta en las manos y el Diego Méndez juntosse con Gómez Pérez y con los demás españoles y díjoles lo que la carta le dezía y lo que el mestizo le avía dicho; y hordenaron de matar al Ynga y mandaron hazer muchos bollos para llevar que comer por el camino quando de allí se saliesen. Lo qual savido por la negra, fuelo a dezir a çiertos prinçipales del Ynga, lo qual savido por los prinçipales fuéronselo a dezir al Ynga; y como el Ynga estava satisfecho de los españoles y él los amava tanto y les hazía bien, dijo a aquellos prinçipales que aquello le avían dicho: Alguna cossa deven de poseer estos españoles que vosotros les codiçiáys y no véis manera cómo se lo poder tomar si no es con venirme a dezir que los mate diziendo que me quieren matar, por tomarles vosotros esso que ansí les codiçiáis; ydos de ay y no me vengáis a dezir más hesso porque os castigaré. Y ansí se salieron aquellos prinçipales y ellos ni otra persona ninguna no osaron más venir al Ynga a le avisar de cossa. Y como conçertaron los cristianos de matar al Ynga, hordenaron esto pensando que como le matasen, que la gente que allí estava con el Ynga 417

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