[f. 143] Capítulo xxx. En que trata de cómo Hernando Piçarro bolvió de España y de cómo le engañó el Ynga a Hernando Piçarro diziendo que le dejase salir del Cuzco y que le traería de buelta un yndio de oro entero y con tripas; y de cómo Hernando Piçarro le dejó yr y el Ynga de aquella salida se alçó e nunca más bolvió hasta oy. Después que el Marqués uvo despachado a Almagro a Chile, dejó en el Cuzco por su teniente a su hermano Juan Piçarro y dejole a Mango Ynga consigo. Y con Almagro avían ydo Vilaoma y Paulo. Y dejado este proveimiento en la çiudad del Cuzco, el Marqués deçindiose [sic] a Xauxa y de Xauxa passó el pueblo que allí avía poblado al valle de Lima por estar más çerca de la mar y puerto. Y en este tienpo vino Hernando Piçarro de España de buelta de España, porque antes le avía enbiado el Marqués con el thessoro de su Magestad a España; y como ansí bolviese el Hernando Piçarro de España y llegase do el Marqués estava, enbiole el Marqués por su teniente a la çiudad del Cuzco. Y como estava dada horden por Mango Ynga y los suyos en la horden que avían de tener en su alçamiento, bolviose Bilaoma del camino como estava consultado entre el Ynga y él, aviendo caminado en compañía de Almagro casi çien leguas; y como el Vilaoma bolviesse, venía alçando todo el Collao; y unos yndios que están junto a una guaca que se dize Hancocagua mataron a su amo y hiziéronse fuertes en la misma guaca de Hancocaguas. Y como se tuviesse nueba desta revelaçión déstos de Hancocagua y que le avían muerto a su amo, Juan Piçarro prendió al Ynga e hizo que se juntasen los amigos que en el Cuzco avía yndios y tomando çiertos españoles consigo fue a castigar éstos de Hancocagua y dejó la çiudad encomendada a Graviel de Rojas y que tuviese el Ynga a buen recaudo. Y ansí fue al peñol de Hancocagua y en ninguna manera les podía entrar y tubo çercados estos yndios mucho tienpo y faltoles el agua a los yndios y estavan ya por darse porque la sed los fatigava; y aquella noche que otro día se pensavan dar, cayó tanta niebe en la guaca que los sustentó de agua. Y como viese esto Juan Piçarro resçibió gran pena y al fin preguntó a 405
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