Juan de Betanzos y el Tahuantinsuyo

Françisco Piçarro vino costa a costa [f. 121v] con un solo navío en demanda desta tierra y descubrimiento della e llegó a Tunbes e hizo saltar en tierra al capitán Candia a que viese qué tierra hera e que maña [sic] de poblaz[i]ón e si avía en ella muestra de alguna riqueza. Y dejaremos esto y hablaremos del ilustre señor el marqués don Françisco Piçarro, de gloriossa memoria, que ganó estos reynos. El qual, como llegase a Tangaralá de buelta que bino de España y supiese allí en Tangaralá e tuviese notiçia de Atagualpa e de su grandeza y poder y gran riqueza, acordó de le enbiar quatro yndios de aquel pueblo tallanes, con los quales le enbió çiertas margaritas e diamantes e çiertos cuchillos y tigeras y peynes y espejos; y enbiole a dezir cómo él venía de España en su demanda a verse con él porque dél tenía notiçia que hera gran señor y que él benía de parte de un señor muy grande mayor que no él a él con çierta enbajada que dél traya, la qual le pensava dezir quando con él se viese, que allí le enbiava aquella chaquira y las demás cosas, que lo reçibiesse y que él yba a do él estava, que él sería en breve con él. Donde lo dejaremos y tornaremos a hablar de Atagualpa. Que como le fueron llegados los dos yndios a le dar nueba de la venida del Marqués y de los demás españoles allí donde estava derribando la guaca, como oyese la tal nueba mandó a sus capitanes que luego lebantasen su canpo y que caminasen para el pueblo de Guamachuco, aviendo derribado ya la mitad del çerro de la guaca por tierra, y luego sus capitanes lebantaron su real y encaminaron la buelta del pueblo de Guamachuco; donde llegado que fue el Ynga e su gente al pueblo de Guamachuco, halló en él los quatro tallanes que el Marqués le enbiava. Y como les viese, después de le aver hecho su devido acatamiento y puéstole delante las cosas que el Marqués le enbiava; y como el Ynga viese lo que ansí el Marqués le enbiava, holgose mucho dello y de ber los yndios que lo trayan porque deseava saber del Marqués y de los suyos y qué gente fuese para dar horden y medio en lo que deviese hazer. Y luego mandó a un capitán suyo que tomase aquellos mensajeros y que los metiese en un aposento y que mirase por ellos, que [f. 122] nadie hablase con ellos porque les quería él ynterrogar y preguntar a sus solas; los quales yndios fueron luego llevados al aposento del Ynga. Y después de aver el Ynga holgado allí el día que llegó, otro día siguiente apartose en çierto aposento con sus [testado: y] capitanes y mandó que fuesen allí traydos los quatro yndios tallanes. E siendo delante dél preguntoles que aquel señor que los avía enbiado a él e que le enbiara aquellas cosas, que 360

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