Capítulo ix. En que trata de cómo salió el Ynga Atagualpa de la çiudad del Quito en demanda y favor de sus capitanes y de las grandes crueldades y estragos que hizo en gentes por el camino e pueblos e provinçias por do venía hasta llegar a la provinçia de los Guanbos. Como saliese del Quito Atagualpa con la gente de guerra que le pareçió que le bastava para la tal jornada en que venía, vínose holgando y regozijando por todos aquellos pueblos e provinçias hasta llegar a la provinçia de los Cañares, Tomebanba, en la qual provinçia no halló ningún yndio ni yndia, que como hemos dicho Chalcochima e Quizquiz avían hecho en ellos un gran castigo, como allí desbaratase a Guancarqui y los más que pudo aver, enbiolos a Atagualpa, e los que ansí quedaron fuéronse huyendo a do pudieron guardar sus personas e sustentar sus bidas. Y ansí como Atagualpa llegó, no halló chico ni grande dellos y ansimismo no halló comida ninguna y pasó de allí. Aquí dizen los que an sido mal ynformados, que como allí viniese Atagualpa, que le salieron a resçebir los cañares y que delante de todos ellos venían [f. 110] los niños pequeños con ramos en las manos a le resçebir e que Atagualpa los hizo matar a todos los niños que ansí venían con los ramos. Y aviendo yo tenido notiçia desto, travajé muy mucho con todos los señores del Cuzco muy v[i]ejísimos y señores muy antiguos y los más dellos andubieron con Atagualpa y con Guaina Capac, su padre, el tienpo que andubo en el Quito; y dizen que nunca tal ubo y que nunca jamás fue Atagualpa preso de nadie, porque dizen ansimismo que Atagualpa fue preso de los cañares y que le ronpieron una oreja los cañares y que se les escapó de la prisión ronpiendo un çimiento de una cassa donde estava. Y el que ansí fue preso en los cañares fue Aguapante, capitán de Guascar. Y preguntándoles quién le ronpió la oreja a Atagualpa, dizen que se le ronpió siendo mançebo y en bida de su padre Guaina Capac. Y que andando retoçando con çierta donzella y queriendo dormir con ella, por fuerça ella le hechó mano de aquella oreja y se la ronpió y luego se ató çierto paño en ella. Y biéndole su padre con el paño, que le preguntó que qué avía allí, a lo qual le respondió Atagualpa que le avía naçido allí en la 336
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