Capítulo i. En que trata de cómo Guascar fue nonbrado señor y de las cosas que hizo luego que se bio señor; y de cómo entró el cuerpo de Guaina Capac en la çiudad del Cuzco y lo que con él se hizo. Como fuese pasado el tienpo y días del ayuno en que Guascar estubo para resçebir la borla y el estado de Capac, los señores del Cuzco que en aquella sazón en el Cuzco estavan fueron al aposento do Guascar estava y haziéndole su acatamiento como a tal señor pusiéronle la borla en la cabeça y nonbráronle Topa Cuxigualpa y los señores que allí heran le llamaron solo señor. El qual, como se viese señor, luego [f. 98] salió a la plaça y mandó que luego fuesen quitadas las tierras de coca y maíz al sol y a los demás bultos de los señores que heran muertos y las de su padre Guaina Capac, todas las quales aplicó para sí diziendo que el sol ni los muertos ni su padre, que ya hera muerto, no comían y no comiendo que él las avía menester; lo qual fue muy aborreçible a los señores y pesábales, viendo sus prinçipios, de le aver consentido que fuese señor. El qual hera muy biçiosso en todos los viçios y más en el de la beudez [sic], que muy pocos días avía que no estuviese tomado; y estando tomado de la enbriaguez hazía mil desatinos como mançebo y muy libiano. Y si le paresçía bien alguna muger de las mugeres de los señores que allí trayan consigo, luego que la viese mandava que se la metiesen en el aposento que más allí çercano avía y dormía con ella; y si le yba algún señor a se lo estorvar que no lo hiziese, mandávale matar luego; y así no le osava nadie hablar ni dezirle que no hiziese cossa porque sin esto hera mançebo no acogido a consejo en ninguna cossa por ardua que fuese y su vestir y traer hera de ropa preçiada y texida con oro y plata y el calçado ansimismo. Y mandó que no se casase nadie en toda la tierra y todas las moças de su tienpo le fueron aplicadas y puestas en çiertas casas por sí en toda la tierra. Y llegado que fue el cuerpo de su padre, como viese allí a su madre, las palabras con que la saludó fueron que se llegó a ella y le dijo: Puta, ¿qués de tu amigo?, ¿qués de aquel con quien tú te holgavas y él contigo, Atagualpa?, ¿dónde lo dejas?; dejaslo por dicha para que se lebante y en el Quito se nonbrase señor. A las quales palabras su madre no le respondió cossa más de yr llorando con aquellos señores y señoras que yvan llorando 311
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