Juan de Betanzos y el Tahuantinsuyo

Capítulo xlvi. En que trata de cómo Guaina Capac se estuvo en la çiudad del Cuzco holgando en sus recreaçiones; y del naçimiento de Cuxi Yupangue, su sobrino, hijo de Yamque Yupangue, su primo hermano. Llegado que fue Guaina Capac a la çiudad del Cuzco de buelta de Cochabanba y bisitaçión de Collao, en la qual yda y buelta tardó quatro años, halló a su hijo Atagualpa que hera ya grandezito y, de todos los señores del Cuzco que en aquel tienpo heran, amado. Y como llegase Guaina Capac de aquella jornada ya algo viejo y biendo los señores del Cuzco que hera amigo de yr por el reyno a visitar y a guerrear; y que, como hera viejo, sería posible morir en alguna parte y de alguna enfermedad que no pudiese nonbrar señor que suçediese en su lugar después de sus días, llegáronse a él todos juntos y después de le aver hecho el acatamiento y ofresçídole los dones que llebavan. Porque abrán de saber que Ynga Yupangue puso una constituçión que ninguno por señor o señora que fuese no paresçiese ante el señor las manos vazías sino que cada vez que fuesen a le hazer acatamiento y belle o negoçiar con él, algo que llevasen en las manos, alguna cossa que le ofresçer, a[u]nque fuese fruta o berdura o flores o pájaros u otras cosas ansí; y esto mismo se haze oy en día entre los señores y señoras en la çiudad del Cuzco. Y llegados estos señores a Guaina Capac, dijéronle: Solo señor, que bivas por muy largos [f. 93v] tienpos. Ya sabes que somos mortales y que algún día el sol, tu padre, te llamará y te querrá llevar consigo. Venimos a te rogar que en la hedad que agora estás, que nonbrases el hijo que te paresçiere por su suçesor después de tus días. A los quales respondió que qué avían visto en él que le venían a dezir aquello, que si le bían tan viejo como a su abuelo Ynga Yupangue, que de viejo le tenblavan las manos y braços; que él tenía cuidado de aquello y que desque a él le paresçiesse que él señalaría por señor a quien le paresçiesse que lo governaría como conviniesse. Y luego hizo traer ante él a su hijo Atagualpa, el qual hera tan lindo niño que se holgó mucho de lo ver y dijo que le paresçía que en las faiçiones [sic: facciones] del rostro paresçía a su padre Topa Ynga Yupangue. Y después desto dijo a los señores:¿Para qué venís a mí con esas palabras y a que yo 302

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